¿Navidad o crucifixión?

por Jorge Salazar


La Navidad, esa fiesta de los pobres y los niños que esperan una redención, se ha transformado, merced a los mercaderes de siempre, en una farsa grotesca propia de dementes.

I
La distancia en el tiempo y en la historia hace aparecer la Navidad como una fiesta independiente de todo contexto que no sea el estrictamente comercial. El nacimiento de Jesucristo −hombre fascinante, que cambió la historia del mundo a tal extremo que la cronología por la que nos regimos comienza a anotarse desde el momento de su llegada al mundo− se ha transfigurado con el paso del tiempo y ha adoptado una fisonomía más cercana al folklore comercial que a la epopeya.

II
Las imágenes del trascendental nacimiento de Jesucristo han pasado con los años a convertirse en una sucesión de pinceladas comerciales: Los Reyes Magos cabalgan alegres llevando a su grupa refrigeradoras, ollas, cosméticos y libretas de ahorros; San José se parece mucho a Henry Fonda y María a una actriz de la televisión. Y claro, todos juntos aconsejan que compremos más. ¿Y la crucifixión?

III
El nacimiento de Jesús marca históricamente el inicio de una epopeya violenta teñida con la sangre de millones de hombres, mujeres y niños que dieron sus vidas por el ideal de amor que trajo implícito el divino carpintero de Nazareth. La Navidad, esa fiesta de los pobres y los niños que esperan una redención, se ha transformado merced a los mercaderes de siempre en una farsa grotesca propia de dementes.

IV
¿Qué quiere decir Navidad? Quien quiera reflexionar sobre esto podrá comprenderlo muy bien. Es el NACIMIENTO de un NUEVO ORDEN. Es decir, el día del triunfo del amor de los más sobre la ley de los menos. El cristianismo significó una revolución radical. Frente al viejo testamento legaloide y tiránico, un carpintero celestial nacido un 25 de diciembre agitó banderas y dio ejemplo derramando su palabra y generosamente, su sangre.

V
Es verdad también que hay gente que corea su nombre detrás de la hoguera del potro de tormento. Los hay quienes por vanidad especulan sobre la validez de cristianismo en tanto cambio. Disfraces grotescos encubren una realidad diáfana: Jesús vino al mundo en un hogar de pobres, vivió entre ellos y murió por ellos. Lo demás: inquisición, persecución, comercialización, tortura y otros medios tonos que conocernos; no son sino señales de que los fariseos, los doctores de la ley y los soldados romanos que quieren volver a crucificarlo. Así ha sido desde hace 1976 años. ¿Hasta cuándo?


Columna: La calle sí, la calle no.
Sección: Editorial
Diario El Comercio, 24 de diciembre de 1976