
la editorial pilpinta convoca al primer concurso de cuento breve "jorge salazar" que se organizará de acuerdo a las siguientes bases:
Dedicado al trabajo literario de Jorge Salazar



Perfil del escritor
Tiene 67 años y ha ejercido la investigación periodística en diversos países europeos (España, Alemania, Inglaterra y Francia) y en las principales publicaciones nacionales («Caretas», «El Comercio», «La República», «La Crónica» y «Expreso»).
Es catedrático e investigador en la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología de la USMP. Considera que la investigación es «la única manera de conocer las verdades plenamente».

Han pasado ya algunas semanas de la muerte de Jorge “Coco” Salazar. Yo no sé si le tengo una deuda. Porque hace algunos años, bastantes ciertamente, conversando con él en un encuentro casual (casuales fueron todos nuestros encuentros después de San Marcos), lo comprometí (creo que lo comprometí) a sentarnos una noche en un café para que en el transcurso de la noche entera hablara sobre su vida, para una biografía o algo parecido. Pero se murió y no sabré nunca si su promesa fue sólo una salida a mi majadería. 


por Pedro Escribano. 
a Jorge Salazar
Alguien entra sin permiso
se lleva
ropa perfumes libros
televisores cuadros huacos
dinero comida cigarros
el papel higiénico
y tu máquina de escribir
una dos tres
cuatro veces entra
pero tú que eres la canción
de Atahualpa Yupanqui
El Aromo
te ríes
no te han robado
te ríes con ese aire burlón
mientras lloro me abrazas y regalas
una muñeca descalza
mi novela de Ken Kesey
un poema manchado con café
mi chaufita de camarones
me abrazas y ríes
nada te han podido quitar
elma murrugarra. juegos (magdala editora, 2002)
Con el tiempo, su humor y cierto escepticismo se expresarán en sus libros distinguidos. Es un escritor importante y un agudo periodista ameno, por sus viajes se hizo mundano, tahur favorecido por la suerte en el juego, lo que solo es resultado de su fe en el azar y le permite compartir los frutos de ese don. Desde 1995, de modo intermitente, platicamos alrededor de una mesa frente a un delicioso plato de comida preparada por él. Así supe que para Coco escribir es todo. Le causa tristeza y dicha, cuando concluye algo se siente un dios, por crear universos que substituyen el real, que mejoran todo lo ya caduco: la Iglesia o el Partido. Hoy sobrevive como los gatos (que amamos) y va por su sexta vida toreando los males del corazón.
Lo admirable es que, con todo lo que sabe de comida, Jorge Salazar come poco. Cada vez que hemos compartido una mesa no ha dejado de sorprenderme los pocos bocados con los que se satisface, dejando sutilmente a entender que el mortal y común apetito que nos lleva a coger los cubiertos no es la única ni menos aún la principal razón por la que Salazar rinde culto a las tres comidas diarias, que a veces es solo una, pero suficiente. Un estómago pequeño también ayuda.

El origen de este libro creo que se remonta a mi infancia. Desde muy temprano nos piden ser racionales, que usemos el cerebro, pero a la vez a uno le inoculan estos hábitos religiosos que contradicen ese pedido. Por otro lado, la Semana Santa de mi infancia era muy diferente: para un niño, estaba llena de terror. Era obligatorio ver la vida, pasión y muerte de Cristo en matiné, vermú y noche; no se podía oír música ni hablar alto, y decir una lisura era condenarse. Pero conmigo pasaba algo.", explica Jorge Salazar.
–¿Somos muy violentos los peruanos de hoy?
Si hubo alguna vez en mi existencia una mesa con sinónimo de felicidad, esa fue la de los chifas de mi infancia. Estoy seguro que en ese sentimiento coincido con la gente de mi generación. Creo, por otro lado, que no hay nostalgia por lo lejano cuando hablamos con alegría del viejo barrio chino de Lima y, particularmente, de la calle del Capón, donde según la historia, se abrió allá por 1921 el primer chifa de la ciudad de los Virreyes. Pero aprender a comer pato pekinés con palitos de marfil no era el único encanto de esa edad que no termina de perderse. Más allá de la gloria que significaba sentarse en una mesa en compañía familiar, la jornada sumaba otros atractivos: el Buda de porcelana de vientre redondo y pequeños pendones multicolores a su alrededor, junto a majestuosos dragones de jade, formaban parte de la coreografía del bar y los pasadizos del restaurante. Pero eso no era todo: biombos forrados de seda sobre los cuales se habían bordado cigüeñas de dulces ojos. Así, ese decorado le brindaba a uno la ilusión de haberse metido dentro del mundo sereno, grandioso e inmutable de la vieja China.
x La geografía del País de la Seda es un vasto universo compuesto por altísimas montañas e interminables desiertos; inmensos ríos y fértiles valles que han permitido una riqueza natural que es la base para el desarrollo de una cocina a la vez ejemplar, inimitable y que gira alrededor del arroz. El filósofo Kong-Fu-Tsu, mejor conocido como Confucio, dice: “Una cocina sin arroz es como una mujer hermosa a la que le falta un ojo.” Conocedores o no de Confucio, lo cierto es que los inmigrantes chinos llegados interrumpidamente al Perú, son de alguna manera responsables de que el arroz constituya para los peruanos de hoy una especie de pan de cada día que acompaña cualquier potaje.
x Luego, el caminar por esas calles de tiendas abigarradas donde se vendían cosas que no se veían en ningún otro sitio: máscaras, dragones de fieltro, pájaros de felpa, violines de tres cuerdas, abanicos, faroles de papel, varillas de incienso y más Budas de marfil o metal y por supuesto, las tiendas donde se expendían patos y gallinas doradas por el horneado con laca. De alguna manera, los peruanos que comíamos chifa y caminábamos por esas calles sabíamos que aquellos que decían que la China era un pueblo de gente resignada y fatalista, mentían. Eso lo supimos quienes fuimos desde muy temprano a comer al Kuong-Tong, Ton-Quin-Sen y San-Joy-Lao. Estas líneas quieren dar fe a ello.
Si las fuentes, pozos y manantiales constituyen la vida; la vida que brota cristalina, corriente y ruidosa, es absolutamente normal que hayan desempeñado un importante papel en los cultos y también en el universo de la alimentación y la comida. Así las cosas, todos los pueblos atribuirán a algunas aguas, virtudes mágicas y curativas: poseen el poder de regenerar y acercamos a los dioses. A todos los dioses. No es pues ninguna casualidad que al mayor santuario y oráculo de la Antigüedad, el de Delfos, se le localice en las cercanías del manantial sagrado del mismo nombre, tampoco es casual que el antiquísimo mito quechua-aymara de los hermanos Ayar, localice el punto de partida de estos semidioses y sus esposas en las aguas del Titicaca. La Biblia relata sobre las prodigiosas aguas que hace brotar Moisés de una roca situada en el corazón del desierto del Sinaí.
El diablo, Lucifer, el demonio, como quiera que se le llame, lo cierto es que jamás ningún otro ser, real o imaginado, hizo correr tanta tinta, sembró más miedos o reunió tantos discípulos... La incesante carrera luciferina empieza; según dicen los textos más viejos, la mitología y las tradiciones; en las primeras horas de la creación del mundo. Las convulsiones del género humano, incluidas las enfermedades, el trabajo y la muerte, tienen su origen en la engañosa invitación que hará Satanás (serpiente habladora) a la desdichada y curiosa Eva. Ella degustará el alimento prohibido: el fruto arrancado del árbol del Bien y el Mal. Alejado ya de la perfección el género humano recibirá de su creador otra definitiva y condenatoria sentencia: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”.
En las soleadas tierras de la Toscana se sostiene que Lucifer, más sabe el diablo por viejo que por diablo, ha aprendido y que ya no solamente toma las formas de la serpiente. Dicen que por allí alguna vez encubrió cuernos, rabo y pezuñas bajo la prestigiosa apariencia de cocinero. Al Maligno pues se le atribuye el "pollo a la Diabla". Dicen que con el objeto de ganarse el alma (y seguramente el cuerpo) de una bella ragazza de 17 primaveras, el mañoso genio del mal improvisó la mentada receta. Pollo frito en aceite de oliva acompañado de una salsa preparada con cebollas doradas en mantequilla, a la que se agrega vino blanco, perejil, hojas de laurel, hongos y dos tipos de pimienta: la negra y la de Cayena.
Ninguna película menos necesitada de publicidad que Casablanca, ese clásico dirigido por Michael Curtiz y protagonizado por la inolvidable pareja conformada por Ingrid Bergman y Humphrey Bogart y que ganase el Oscar 1943 para la mejor cinta. Sin embargo, esa vocación de recordar que a veces impone el tiempo quizás sea la causa, más de medio siglo después del estreno del comentado filme, de la aparición de un libro-recetario: Casablanca: Kitchen notes of the Rick's Cafe (Casablanca: Notas de cocina del Café de Rick). Las autoras, tres aficionadas estadounidenses (Sarah Key, Jennifer Newman Brazil y Vicky Wells) no han hecho otra cosa que elaborar una carta de comidas de ficción para esa otra ficción que tanto degustaron los cinéfilos de sesenta años atrás.
Los efectos del empleo militar de la bomba atómica por los Estados Unidos fueron tan espantosos que aún hoy a los investigadores y estudiosos de esos días, se les hace inexplicable la alegría con la que los medios de comunicación de todo el mundo recibieron la noticia. Terminado el conflicto, empezaron los estudios para evaluar en toda su magnitud los efectos de los experimentos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki. Los pavorosos resultados en relación a los seres humanos (y en general a los seres vivos) que se encontraban en el radio de acción de la bomba quedaron a la vista. Quemaduras irreversibles, músculos que se retraían hasta provocar la deformación total de los miembros, ojos cegados de por vida, la piel que se caía en trozos, sin contar la esterilidad y desequilibrios celulares y emocionales que traían otras dolencias irreparables. Nunca la humanidad había conocido tanto salvajismo. Y será a partir de la toma de conciencia de la barbarie realizada que empezarán a tomar cuerpo y forma lo que hoy llamamos organizaciones pacifistas. Pero ya el mal no tenía vueltas, el hombre había escrito la página más salvaje y desgarradora de su larga historia.
Para quienes transitaron los años de la alucinante década del 60, hubo pocas dudas: aquel fusilamiento del violador y asesino, Guillermo Lavalle Vásquez, “Pichuzo”, llevado a cabo en la isla San Lorenzo, tuvo como finalidad no tanto la idea oficial de disuadir a ese tipo de criminales, sino la soterrada intención de amedrentar políticamente a los rezagos de los recientemente vencidos movimientos guerrilleros.
Los papeles de Damasco
Crónicas gastronómicas
Jorge Salazar
USMP, 2005. 138 PP.
Gourmand World Cookbook Awards 2006
Salazar nos entrega un viaje a través del tiempo y de la historia que nos traslada desde las mesas de los dioses del Olimpo que degustaban el cordero y la ambrosía, hasta los festines de los piratas ingleses, que celebraban sus golpes con sopa de tortuga y vino de Madera. El autor no se olvida de los potajes de la Roma imperial, cuyos excesos gastronómicos la llevarían a la destrucción.
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