16.12.09

primer concurso de cuento breve "jorge salazar"


la editorial pilpinta convoca al primer concurso de cuento breve "jorge salazar" que se organizará de acuerdo a las siguientes bases:


1. podrán concursar escritores de todas las edades y nacionalidades. 2. las obras deberán ser originales e inéditas. no deben haber sido premiadas en otros certámenes, ni deben estar a la espera de resolución. 3. el tema será libre. deberán mantener vocabulario, ortografía, estructura y cuidado estilístico, de lo contrario, serán rechazados. cada autor deberá presentar diez cuentos cortos que en conjunto formarán un libro. 4. cada cuento corto, original, deberá tener una extensión máxima de dos (2) páginas y se presentarán escritas en hoja din a-4, times new roman, cuerpo 12, a doble espacio y por una sola cara, en formato word. incluyendo título y seudónimo. 5. en archivo adjunto también se enviará además del título, el seudónimo correspondiente y un breve curriculum vitae (no más de cinco líneas). si faltara alguno de los ítems, la obra no será calificada. 6. el plazo de presentación de los relatos concluye el miércoles 17 de marzo de 2010. se tomará como referencia la fecha y hora del envío del mail. en el asunto del envío debe figurar: concurso de cuento - título de la obra – seudónimo. la dirección es: editorial.pilpinta@gmail.com 7. premio: la publicación del libro (100 ejemplares), según el diseño institucional de la editorial pilpinta, además, la presentación de la obra y su inclusión en el catálogo de la editorial. 8. el jurado se dará a conocer el día de la premiación. 9. el fallo tendrá lugar durante la primera quincena del mes de abril, fecha en que se destruirán todos los archivos. 10. para la entrega del premio, que será en la presentación del libro, será requisito imprescindible que el autor asista o envíen a alguna persona en su nombre. 11. no podrán participar los autores publicados por la editorial ni los miembros de la editorial. 12. la presentación a estos premios supone la total aceptación de las presentes bases.

29.9.09

La última crónica de Jorge Salazar


PERIODISTA Y ESCRITOR DE PULSO NERVIOSO, CULTOR DE LA CRÓNICA ROJA Y AUTOR DE NOVELAS PREMIADAS, JORGE SALAZAR SE MARCHÓ ESTOICAMENTE A LOS 67 AÑOS. FUE TODO UN PERSONAJE EN LAS REDACCIONES DE DIARIOS Y REVISTAS DONDE LABORÓ, Y LABRÓ SU VIDA COMO UNA INTERMINABLE AVENTURA. TAMBIÉN ERA UN GOURMET DE POLENDAS Y UN GRAN AFICIONADO AL FÚTBOL. AQUÍ UNA BREVE SEMBLANZA EN SU MEMORIA"

Por Enrique Sánchez Hernani

Por los años ochenta Jorge Salazar lucía su impresionante levedad sobre una mesa circular de madera, cubierta acomedidamente por el clásico mantel a cuadros, en el antiguo café El Koala de la calle Camaná, aferrado a un cigarrillo encendido y con un lapicero sobre un papel en blanco. Ningún escritor podía haber sido más delgado ni tener esos ojos que disparaban como mortales pistoletazos. Por entonces era periodista de la revista Caretas pero El Koala era su verdadero centro de trabajo. Allí atendía a sus invitados y daba vueltas sobre la crónica que le tocaba escribir cada semana.
A pesar de ser tan flaco, Coco -así le llamaban sus amigos- había cultivado una fama de hombre con poca misericordia. Me parece que le gustaba aparentar que era tan duro como Clint Eatswoood. De menor altura que el actor, Coco, sin embargo, era una copia mestiza del desalmado pistolero que aquel encarnaba en las pantallas. Y siempre tenía una historia cruda con la cual impresionar a sus contertulios. Diríase que tenía una afectuosa propensión a las historias donde había mucha sangre coagulada y un par de nudillos sacándole un chasquido a la piel ajena.
No por nada en 1980 había ganado el codiciado premio literario Casa de las Américas con su novela La ópera de los fantasmas. El volumen, con una prosa nerviosa y cuajada en la crónica roja, narra la tragedia del Estadio Nacional, cuando el 24 de mayo de 1964 un árbitro nos anuló un gol durante un partido entre las selecciones del Perú y Argentina y desencadenó una furibunda e innecesaria reacción policial frente a la irritación de las tribunas. El resultado: 327 personas muertas. Coco estuvo allí y contó lo que vio en su libro.
El otro rasgo que pudo contribuir a esa falsa imagen suya de rudeza era su pasado en una de las tiendas políticas de izquierda que se hizo célebre en los sesenta: el Ejército de Liberación Nacional, cuyo mártir más visible fue el poeta Javier Heraud. Coco se había hecho un ferviente admirador de Cuba cuando a los veinte años, tras un holgado peregrinaje por Inglaterra, regresó al Perú visitando Canadá, los Estados Unidos y Cuba. El verbo flamígero de Fidel Castro en la Plaza de la Revolución lo había persuadido.
Sin embargo, Coco era apreciado por sus amigos no solo por su charla vertiginosa, donde acumulaba homicidios y otras defunciones, cuando no las pormenorizadas hazañas de sus viajes, sino porque era un cocinero exquisito y un amante obsesivo del fútbol, sobre el cual disertaba con pasión y sapiencia. Pero lo que desconcertaba a sus amigos, que se diluían en envidias de todos los calibres (seamos sinceros), era su facilidad para enamorar a mujeres bellísimas. La más célebre de sus amantes fue una núbil modelo inglesa de nombre Moonbean, con quien volvió al Perú, después de uno de sus viajes a Inglaterra.
Moobeam desconcertó al entorno salazariano. Era rubia, de intensos ojos azules y tan bella que mirarla muy seguido hacía que nos dolieran los ojos. Tanta luz no era tolerable para la retina humana. Pero un día se marchó y Coco no dio ninguna pista de haber quedado descompuesto o maltraído por la partida. Siguió departiendo en El Koala, bebiendo tanto café cargado como podía soportarlo una persona de menos de cincuenta kilos de peso y fumando a pulmón batiente.
Lo suyo era la literatura y el periodismo. Y cocinar a veces, o conversar con los amigos en otras, o conquistar una nueva beldad. Coco pasó por otras redacciones y publicó más libros: Poggi: la verdad del caso (1987), La medianoche del japonés (1992) y Los papeles de Damasco (2006). En todos había su cuota de marginalidad, salvo el último volumen, el cual indagaba sobre la esquiva y misteriosa figura del Jesús histórico, distinto del Mesías religioso. La novela le sirvió para despacharse sobre la idiosincrasia de la sociedad judía de aquella época y dar cuenta de la fascinación que, en el fondo, tenía por ese personaje con rasgos de mago y que curaba tan solo con la palabra.
Cuando últimamente empezó a dar señales del mal cardíaco que lo afectaba, toleró el apremio con dignidad. Siguió, mientras pudo, con sus clases de periodismo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad San Martín de Porres, asombrando a sus alumnos. Y a sus alumnas, valgan verdades. Hoy debe estar deambulando en ese espacio oscuro (o tal vez cristalino) donde moran los personajes a los que persiguió en sus crónicas periodísticas, haciéndoles preguntas, sin darles tregua. Descansa en paz, Jorge.

13/06/08 diario "el comercio"

10.9.09

Jorge Salazar: Cazador de misterios

Es un gran periodista, investigador y eximio cultor de la crónica de muerte y misterio en el país.

Siempre es redundante contar sobre escritores. Sus discursos verdaderos están en sus libros y en sus formas de vivir. Pero hay quienes funden vida y obra con su sola existencia, férrea, rebelde e invencible. Como este cazador.

Enigmas del Viejo Mundo
Jorge Salazar fue un niño disidente –piel tostada, pómulos salientes- y se educó en el famoso colegio Anglo Peruano, hoy San Andrés, donde descubrió el sentido de grupo y la responsabilidad. Paralelamente, su acomodada familia conservadora le impone reglas que le obligan a crear su propio mundo.

«Una manera de evadir la presión de los adultos es la lectura, que me sirvió no solo para adquirir conocimientos, sino para soñar», confiesa. Así, se aferra al estudio con una pasión tan intensa, que su padre -frustrado por no haberse ido de joven a Gran Bretaña- lo manda a Escocia, donde termina la secundaria. «Ya me ve usted a los 15 años caminando por rincones británicos», refiere.

Su apabullante nivel cultural lo empezó a ganar en las universidades de Edimburgo y Manchester. Creció influenciado por la Segunda Guerra Mundial y la violencia generalizada le dejaría la eterna pregunta ¿por qué el hombre mata? El cazador habla de lo aprendido en el Viejo Mundo: «Era un individuo oscuro venido de un mundo inimaginable, conocer la historia de mi nación fue una gran defensa». Y se esmera en recordar que en el Perú florecieron civilizaciones antiquísimas que aportaron al desarrollo de la humanidad.

Enigmas de oposición
Ni siquiera tenía veinte años cuando decidió volver al Perú. Deseaba pasar la Navidad con su madre, pero esa parte no estaba escrita en el libro de su vida. Tras una aventura invernal en Islandia, Canadá y Estados Unidos, el joven cosmopolita arribó a suelo cubano y presenció lo que denomina «la respuesta latinoamericana al imperio norteamericano».

El cambio de planes sucedió en el aeropuerto de Miami. No sabe cuál fue su motivación: si los once dólares que le costó viajar a La Habana o su acucioso interés por la revuelta. Lo cierto es que la revolución cubana le dio un norte a su vida. Y una espera a su madre.

Su vocación de opositor la concretó en San Marcos, donde ingresó en primer lugar tras volver de Cuba. También critica la realidad peruana. «Nadie ha hecho mucho por este maravilloso país». Y recuerda con ironía que «las personas olvidan que las naciones desaparecen». Vio el tránsito a la nada de una docena de países y cree que la defensa de los valores es la mejor solución.

Enigmas de la realidad
Salazar es un hombre con aires sabihondos y habla lenta. Disfruta la soledad de sus días y confiesa que ella estimula su imaginación. «A veces imagino que converso con Herodoto», manifiesta.

Mira con desconfianza la globalización. «Es imposible, debido a profundas desigualdades entre los pueblos». Además, cree que el hombre mata por la violencia que lo circunda. «La vida pierde valor, las muertes se reducen a cifras y el ser humano no se horroriza. Entonces da lo mismo matar o no matar».

Al respecto, acaba de publicar «La sangre derramada» (2007), cuarto y último volumen de «La historia de la noticia», una exhaustiva investigación periodística sobre la crónica roja en el Perú del siglo XX. Su pasión de hurgador lo motivó a escudriñar en los detalles de los casos de muerte más singulares e intentar explicarlos, «¿cómo un ser humano puede destruir lo que no puede crear (la vida)?», se cuestiona el profesor.

Fueron dos horas de brazos cruzados. Su nobleza lo acompaña en su morada, llena de libros y de intelectualidad modesta. Jorge Salazar termina de hablar y su mirada se esparce como hurgando en el aire. Es un eterno cazador de misterios y un enigmático periodista de la sabiduría.

Perfil del escritor
Tiene 67 años y ha ejercido la investigación periodística en diversos países europeos (España, Alemania, Inglaterra y Francia) y en las principales publicaciones nacionales («Caretas», «El Comercio», «La República», «La Crónica» y «Expreso»).

Es catedrático e investigador en la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología de la USMP. Considera que la investigación es «la única manera de conocer las verdades plenamente».

Modificado el ( martes, 03 de julio de 2007 )
redaccionline.com

2.4.09

La elegante sencillez

Jorge Salazar, vida de un lord limeño.

Un efímero encuentro con unas de las más preclaras plumas del periodismo nacional y su amplio universo de intereses.

La llamada de ese domingo confirmó mis sospechas, el ubicuo personaje reclamaba la hora exacta en la que me podía apersonar a su domicilio por lo que las 11 de la mañana pactadas me obligaron a recurrir al inevitable taxi, Jorge Salazar, periodista y escritor, aguardaba acompañado mi visita.
La salida del departamento de su eventual visitante me dejó con estantes atestados de libros y una sencillez que coexistía con la apariencia esmirriada de Salazar, un sweater y unos jeans junto a una gorra de AC/DC resumían a un hombre parco e impávido ante cualquier intento mío por congraciarme desde un principio con él.
Sin embargo, todo fluyó naturalmente y los recuerdos empezaron a aflorar.


Espíritu universal
Sus primeros años de vida transcurrieron en una familia acomodada entre bibliotecas particulares y una afición por la lectura que lo hacían sentirse menos incomunicado en un mundo donde los niños no tenían ni voz ni voto, “sentía necesidad de escribir por encontrar un refugio en los libros y en la lectura y además porque hablaba muy poco”, sostiene Salazar, “yo tenía necesidad de expresar cosas, de contar, de narrar mis sentires, era un mundo para mí muy hermético.”
Sus estudios escolares lo marcarían en su personalidad ya que se realizaron en Europa, el periplo por países como Alemania, Holanda, Inglaterra y España le dieron una escasez de rasgos comunes con sus paisanos peruanos, una puntualidad de la que me percaté al instante, un respeto por las costumbres de su país y una conciencia de intentar ser el mejor en cada cosa que hace.
Este último rasgo es inequívoco de su persona junto a sus modales anglosajones de anfitrión, la escuela escocesa le enseñó acerca del espíritu gregario y de un sentido de pertenencia muy arraigado al grupo del que se es parte, ”lo que usted hace redunda en el grupo, si usted llega tarde todos los alumnos de su grupo van a recibir un castigo, no solamente usted, entonces se va creando un sentido de pertenencia a una comunidad y se fomentan liderazgos”.
El asumir el periodismo como una carrera fue una necesidad universitaria impuesta por vivir en la España de Francisco Franco, “ninguna escuela me ha dado lo que me ha dado el ejercicio mismo, los centros de estudios superiores son verdaderamente inferiores frente a la gran escuela de la vida, a la escuela de la calle”, reflexiona Salazar, sin embargo sus variados intereses lo llevaron por rumbos tan diversos como el estudiar arte e ir orientando lo que posteriormente sería su reconocida labor de escritor.


El choque cultural
El cambio de sociedad luego de abandonar los estudios de juventud le afectó en cierta manera, el desorden limeño en especial hizo que reconociera aspectos tan insondables de una urbe cuyas características le eran ajenas, la contaminación, una prensa o una televisión deliberadamente vulgar le eran chocantes pero asimiló sus rasgos porque eran propios de su país.
Paradójicamente, surgió en él un particular afán por analizar la miseria moral de la vida criminal peruana y ante mi sospecha de un interés tanático en su persona me refuta; “yo creo que hay que jugar con la vida, hay que gozarla pero hay que entender que existe la muerte y que conforme las grandes batallas forman parte de la historia del Perú también sus crímenes forman parte de su historia, por lo que hay que meter la nariz en todas partes”.
El periodismo a su parecer está tan escindido o dividido como la sociedad misma, ya que por ejemplo se informa de manera distinta crímenes que suceden en distintos estratos sociales, afirma entonces “si Clímaco Basombrio hubiese nacido en los Barrios Altos o en la Victoria o en alguna zona marginal no hubiera sido el asesino del martillo sino el monstruo del martillo”.
La peruana, es a su modo de ver una comunidad necesitada de orientación, la percibe por tanto desorientada, sin ideas y poco informada y es aquí donde la tarea del periodista debe hacerse presente en un pueblo eminentemente ignorante y lleno de dudas.
Considera Salazar que el peruano no valora la enorme herencia histórica que el Perú tiene y lo que esto conlleva, la civilización a la que pertenecemos ha sido a su entender aquella gente que ha contribuido de manera esencial al desarrollo de la humanidad lo que trasciende cualquier frontera y de lo que no puede ufanarse cualquier país.
Frunce el ceño para admitir que la desinformación en el peruano hace que realidades como el fútbol sean tan calamitosas como la realidad social o política, todo esto debido a que hay un profundo desconocimiento de lo que significan las ciencias o las disciplinas y sentencia: “somos un país pobre, pero pobre en conceptos, en ganas de vivir y trascender, este es un pueblo que necesita de una inmensa catarsis y a veces da la impresión que nos acompaña una especie de maldición, que estamos marcados por la desgracia”.
La democracia no ha existido realmente en el Perú a su modo de ver y el no tener una conciencia colectiva que reconozca cuando empezaron los males para no repetirlos es una muestra del olvido de nuestra historia, “El periodista cumple una labor fundamental, porque ¿qué es la vida diaria?, la historia, la historia es lo que comemos, lo que bebemos, nuestros crímenes, nuestras grandezas; la historia del Perú nace con las crónicas y las crónicas es periodismo, nos hemos olvidado”.


Cuestiones del ser
Catedrático de Ciencias de la Comunicación y sibarita por excelencia, Salazar es multifacético con aficiones como la gastronomía o el fútbol, el periodista quien es el primer catedrático de gastronomía en el mundo, considera que el talento no es suficiente para sobresalir, “mi inspiración consiste en trabajar todos los días”, puntualiza.
Sus metas fijadas van desde trabajar hasta el último día de vida hasta ser beneficioso de alguna manera al país lo que de modo alguno le hace olvidar lo grato que es sentir la admiración de alguien; al escucharlo, esa humildad tan bien mostrada no puede ocultarme los atisbos de orgullo de quien se sabe exitoso, Salazar no rehúsa el halago, lo siente propio.
Su mirada esquiva en todo momento la mía y se excusa vez tras vez por alguna actividad doméstica a realizar, pero su ensimismamiento se exacerba aun más cuando indago por su vida privada, su soledad buscada sin esposa ni hijos es un elixir para trabajar con la paz necesaria, y en tan breve discurso pone un alto en mis preguntas,“amo profundamente mi soledad y sufro menos, no me gusta sufrir”.
Los amigos surgen entonces como la fuente de afecto recurrente y les está muy agradecido así como a las instituciones que apoyan su labor y le permiten vivir con cierta dignidad.
Los galardones como el premio Casa de las Américas en su labor de escritor le llegaron por ensayos que sospecho lo hicieron amigo de escritores como García Márquez o Vargas Llosa lo que reflejan las fotografías que adornan sus paredes.
Afrontando la vejez de su vida, sus 62 años le hacen sentirse complacido por el trabajo realizado a lo que se suma una suerte especial que cree gozar ya que la estima del público siempre está presente debido a su entrega y dedicación a su labor principalmente de cronista.
La gaseosa ofrecida está casi entera, mi distracción en la conversación me alejó del tiempo y era momento de marcharse, su extrema calma e indiferencia me parecieron tan inusuales como si se trataran de dos personas distintas, una de ellas no le teme a la palabra y la otra observa desconfiado a quien osa arrebatarle reflexiones en su espacio privado. El ascensor me recibe.
Vuelve a ser él mismo nuevamente.


¿Sabías que?
La educación europea hizo de Salazar un crisol de reminiscencias del viejo mundo que encontraron una antagónica realidad a su retorno a Lima.


Una entrevista de Juan Carlos Canales Patiño jcanalesp@yahoo.com
10 February 2006

29.9.08

Charlas con Soledad


Leña y fuego


Tienes razón hija mía: a los viejos se nos va la memoria, pero no es una regla general, ya que a muchos de nosotros nos gusta recordar, recordar cosas que aprendimos en la juventud, normalmente necedades, quizás porque tememos hacer un examen de conciencia a conciencia. De repente descubrimos que hemos vivido sin fe, sin esperanza, sin caridad. Sin fe en la vida quiero decir, sin esperanza en la muerte y sin caridad para con nosotros mismos…

Cuando te leo, Soledad mía, me es muy fácil darme cuenta que estás preocupada por la vejez y el aburrimiento de tu padre… Contra lo que supones, no me aburro, no tengo más que asomarme a la ventana y desde allí puedo ver, con tristeza pero no con aburrimiento, que las pasiones están desatadas, que todo está blindado: los automóviles, las casas, el guardia de la esquina, el portero del edificio, blindados, no con noble acero sino con rencor. Por aquí no te voy a mentir a estas alturas, todo es leña y fuego…

No, yo sé bien que no estoy para darte consejos. Me encanta si, y lo sabes, hablar en voz alta contigo, contarte algunas cosas aprovechando que estás lejos y no hay espacio, por lo tanto, para el rubor. Por hoy no te voy a pedir demasiado, solamente que cojas el teléfono y que llames a cualquier amigo y lo invites a bailar… No es consejo, sólo un deseo de tu padre que desearía que su hija no creyese en la historia, esa inmensa mentira, sino en el amor. En el que das y en el que recibes. ¿Me entiendes corazón?

La verdad es que no solamente pensaba en ti, Soledad. Se me vino a la cabeza la imagen de un par de colegas jóvenes que también escriben en el diario. Ellos me hablaron mucho y bien, de política y de historia, parecían muy duchos. ¿Y sabes? Les escuché con atención y no les respondí una palabra; pero al llegar a la casa tuve ganas de volver al diario y contarles, porque también puede ser un cuento, que tu viejo, ayer nomás, descubrió que la vida es como una especie de túnel por el que nos movemos sembrando o cosechando amor. Nada más. El resto… el trabajo, el estudio… es dar o recibir palos de ciego. Llama a tu amigo, Soledad, que el amor que no entregues o acojas esta noche, no lo recobrarás jamás. Te quiero.
x
Jorge Salazar, editorial pilpinta, Lima, 2008

27.8.08

JORGE SALAZAR: FUTBOL, LITERATURA Y OTROS POSTRES

Jorge Salazar es entre muchas otras cosas, catedrático, investigador, periodista, editor, premio de literatura Casa de Las Américas 1980 y asesor de fútbol en la UNICEF.
Llegué a la casa de Coco Salazar a las cinco de la tarde. Vive en la cuadra siete de la avenida Benavides en el séptimo piso de un edificio de departamentos. Estaba sólo, con un cigarro en la mano, rodeado de libros. Flaco, con los pómulos salidos y una humildad envidiable me invitó a sentarme, me ofreció un vaso de agua y nos sumergimos en una larga charla en torno a su vida, al fútbol y a la literatura.A continuación, presento algunos fragmentos de lo dicho por Salazar en aquella conversación.

EL PRINCIPIO DE LA PASIÓN
Mi pasión por el fútbol empezó muy temprano. En epocas del kinder yo vivía un poco apartado, un poco solo, y observaba a la gente desde el balcón de mi casa en un segundo piso, observaba a los chicos del barrio jugar a la pelota, los veía sudar y poner la vida en todo esto, y bueno, llegado mi momento me integré a este ritmo de juego, y era la cosa más placentera que podía tener un niño, era un ejercicio de libertad, pero además, en el juego, uno descargaba energía, uno se desquitaba los primeros fracasos de la vida.

Terminé jugando de delantero, porque la practica diaria me hizo bastante habilidoso, creo que era un jugador inteligente, que no tenía mucha potencia, pero era muy hábil y llegue a jugar de lo que hoy día sería un delantero, jugué en el Anglo Peruano, en el barrio. Después yo terminé la secundaria en Escocia y jugando con los compañeros de College, un amigo mayor me dijo si quería jugar por su equipo y así llegué a jugar en la tercera división en Escocia. Pero, después me interesó el baile, que tiene mucho que hacer con el fútbol, y comencé a practicar ballet y me integre a un grupo de ballet español. Así abandoné el fútbol como aquél que aspira a ser jugador profesional, pero nunca me desligué del fútbol, sigo ligado a él a través de mis escritos, de trabajo como investigador y en otros aspectos.

PELOTA Y PALABRA
En general el fútbol ha atraído una buena cantidad de intelectuales. Hay una larga lista de escritores que han visto en el fútbol un pariente de la literatura, de la poesía, por esta búsqueda de la belleza y por ser una forma de la expresión de la libertad del ser humano. Por ejemplo, uno de los grandes filósofos alemanes Heidegger decía que el fútbol era una forma de encontrar un camino en la vida. O Camus que dijo que lo mejor de la vida lo había encontrado en una cancha de fútbol. O Pier Paolo Pasolini que señalaba que el fútbol era una expresión literaria y que los sudamericanos hacían poesía mientras que los alemanes o italianos hacían prosa. También, el propio Camilo José Cela escribió una serie de ensayos y cuentos en torno al fútbol. A nosotros no nos queda más que seguir investigando y seguir reflexionando en torno al tema.

EL PREMIO
Gane el premio de literatura Casa de las Américas en 1980 con la novela titulada “La ópera de los fantasmas” que trata de la terrible tragedia ocurrida en el Estadio Nacional de Lima el 24 de Mayo del 64, ese cierra puertas donde se dijo que habían habido 300 y pico de muertos. Bueno yo estuve allí, era un estudiante, y era consciente que los muertos probablemente sobrepasaban los mil, fue así que empecé una investigación que terminé en España y en la ciudad de Colonia en Alemania que terminó con aquel libro.

LA CULTURA DE LA REDONDA
Si entendemos el fútbol como una manifestación cultural, creo que todos nos vamos a enriquecer y los resultados van a cambiar. Camus hablaba de esta necesidad de compañerismo, de fraternidad, de que un grupo de seres humanos sea uno solo. Hay que entender que el fútbol puede ser psicológicamente, emocionalmente, el gran parachoques de la violencia, porque evidentemente el fútbol es un encuentro, una teatralización de la guerra, entonces si los pueblos en ves de hacer la guerra la teatralizan, pues, maravilloso. Si las diferencias se llevan al campo, se convierten en una expresión lúdica, entonces vamos a tener menos muertos y menos heridos.

Una de las cosas que yo he intentado aquí en el país es tratar de hacer ver que el fútbol tiene muchísimo que hacer con la cultura, con la educación, con la civilización. Jugar a la pelota es fácil, el asunto es alcanzar el éxito, las metas. Como catedrático de la Universidad San Martín de Porres, he tenido la suerte de que el Rector y el Decano de mi facultad hayan escuchado mi mensaje y hoy tenemos un equipo de fútbol en la primera división.

ABRAZO PERUANO DEL PERU
En este país, el único lugar donde usted ve a todos los peruanos olvidarse de su raza, de su etnia, de su origen, es el estadio, porque cuando la selección mete un gol, la señora pituca se abraza con el vendedor de cancha y eso es Perú. Ahí se olvidan te todas esas tonterías que traen nubarrones al ser peruano. Ese es el único momento en el que yo veo luz. La posibilidad de encontrar esta tan buscada identidad a través del fútbol.

DIVORCIO FICTICIO
El fútbol peruano fracasa porque no ha sido integrado a la cultura, a la educación, no se le ha dado su real valor en la sociedad. Existe un divorcio ficticio que nuestros dirigentes, nuestras instituciones han creado en nuestro país entre el fútbol, la cultura y la educación, cuando no se dan cuenta de que eso puede ser parte esencial en el desarrollo de un pueblo desde el punto de vista cultural y educativo.

UNA ESQUINA CUALQUIERA ES EL PERU
El fútbol refleja nuestra sociedad, entonces usted no puedo pedir logros futbolísticos a un país como el nuestro, como va a poder pedir logros políticos a nuestros políticos, no se puede, es imposible porque son delincuentes, proxenetas. No se puede.
En el fútbol peruano se repite lo que ocurre en cada esquina de nuestra sociedad.

Publicado por José Antonio Galloso
viernes, febrero 03, 2006

30.7.08

Jorge “Coco” Salazar

Han pasado ya algunas semanas de la muerte de Jorge “Coco” Salazar. Yo no sé si le tengo una deuda. Porque hace algunos años, bastantes ciertamente, conversando con él en un encuentro casual (casuales fueron todos nuestros encuentros después de San Marcos), lo comprometí (creo que lo comprometí) a sentarnos una noche en un café para que en el transcurso de la noche entera hablara sobre su vida, para una biografía o algo parecido. Pero se murió y no sabré nunca si su promesa fue sólo una salida a mi majadería.
Lo conocí cuando ingresé a San Marcos. 1962. Fue uno de los primeros comunistas que conocí personalmente. Fue nuestro responsable en nuestros Círculos de la Juventud Comunista en la Facultad de Letras. Recuerdo el grupo de adolescentes: Darío Rubio, Azparrent, Delgado, García-Godos, Luis Ojeda, María Tello, entre otros, en larguísimas reuniones para estudiar, discutir, organizar, conspirar, soñar con la revolución y el socialismo. Jorge, siempre impaciente y apurado, mirando a los lados, como esperando permanentemente algo o a alguien. Hablando como quien da sentencias, casi entre susurros, como convenía a un buen conspirador; actuando, en un informe o en un análisis, como un experto mecánico desmontando una máquina, sin olvidar ninguna pieza suelta esencial o secundaria.
Con un eterno cigarrillo quemándole los dedos. Con ternos casi extravagantes por su tremenda estrechez, que lo hacían más flaco (y lo era bastante), de colores no muy usuales, una delgadísima corbata (se podía creer que Jorge había dividido una corbata en dos). Los zapatos siempre bien lustrados, brillantes, enormes. Justamente por eso dejó de ser para nosotros Jorge o “Coco”. Lo bautizamos como “El Barón Dandy”. El camarada “Barón Dandy”.
Nos sorprendía siempre con sus conocimientos. No había hecho político, nacional o universitario que no conociera lo suficiente para exponerlo, explicarlo y argumentar a favor o en contra. Y cómo bailaban sus ojos cuando se apasionaba en sus intervenciones o conversaciones. Se atropellaba a veces al hablar. Tal era el cúmulo de datos y detalles que quería comunicar, que no parecía suficiente la velocidad de su verbo.
La vida y los avatares políticos nos separaron. Quince o veinte años después lo encontré en la presentación de uno de sus libros. De allí las circunstancias nos juntaron de cuando en cuando. Al conversar no recordamos nunca los tiempos sanmarquinos. Al hablar de política, lo hacía como el médico forense al diseccionar un cadáver: preciso, seco, frío. Al hablar de cocina parecía tener delante una fuente del manjar que describía o cuya historia contaba. Al hablar de fútbol no había historia ni anécdota que no brotara como un torrente por la inmensidad de sus conocimientos, sus recuerdos, sus odios, sus amores. Esta nota acaba abruptamente, incompleta. Hasta la vista, mi querido “Barón Dandy”.

por Rolando Breña Pantoja
30/7/2008

8.7.08

Jorge Salazar "El Camborio"



A mediados de la década de los sesenta, caminando una tarde por la Gran Vía de Madrid, conocí a Jorge Salazar. Yo iba tras mis sueños de torero, él era un exiliado político pues había pertenecido a la juventud rebelde de los guerrilleros de aquel entonces. Desde el primer momento existió una empatía entre ambos. Recuerdo que conversamos largamente hasta el anochecer, sentados en la cafetería Manila de la esquina Gran Vía y la plazuela Callao. Hablamos de todo, del Perú, especialmente de literatura; dentro de la conversación yo le dije: “Me gustaría escribir sobre el septuple asesinato de Mamoru Shimizu”. Jorge me respondió como un resorte: “Carajo, no te metas con eso, que yo llevo cinco años investigando el caso”. A lo que le respondí aliviado: “Si alguien va a escribir sobre Mamoru y no es de la colonia japonesa, mejor. Porque si yo lo escribo, van a pensar que trataré de exculparlo y no seré imparcial”. Veinticinco años después, cuando Jorge tuvo el gesto de invitarme para que yo sea uno de los presentadores de ese libro junto con el prestigioso psicoanalista Max Hernández, en una casona de Barranco. Yo conté esta anécdota para corroborar que verdaderamente Jorge Salazar había venido trabajando ese libro por más de 25 años.
Jorge Salazar también ha publicado los libros: Piensan que estamos muertos, escrito alimón con Alaín Elías, el guerrillero que estuvo en la misma balsa que el poeta Javier Heraud cuando fue acribillado por el ejército. Después escribió La ópera de los fantasmas que relata los trágicos acontecimientos del Estadio Nacional cuando murieron más de 400 personas en el partido Perú - Argentina.
A Jorge Salazar sus amigos cariñosamente le dicen Coco, pero en España los peruanos que trabajamos con él haciendo películas de cine, le decíamos Camborio, en alusión a ese personaje gitano creado por el prodigioso poeta Federico García Lorca. Yo creo que a Jorge le va más exacto eso de Camborio, porque él tiene una cara especial, en el fondo de su mirada brilla la fiebre trágica de los gitanos; de tez oscura como los gitanos de verde luna, acostumbrado a convivir con la muerte y escarbando ese misterio para tratar de comprender la vida. ¡Ese es mi amigo Camborio, gitano de verde luna!

x
Por Ricardo Mitsuya
Perú Shimpo Diario Peruano-Japonés
Foto: archivo personal

7.7.08

El Gitano Chosicano por Jaime Bedoya


Sentado en un escritorio con una pierna ensortijada en torno a la otra cual enredadera de tibia y peroné, el cuello en diagonal, largo el parpadeo, Jorge Salazar dio una pitada al cigarro para preguntar qué se me ofrecía. Era 1985 y se me ofrecía buscar trabajo. Ni tanto. Con una oportunidad bastaba.
En busca de ella me había presentado en Caretas llevando una máquina de escribir portátil para demostrar mi disponibilidad inmediata. Al constatar mi mamerto despiste, en la puerta misma fui remitido al cuarto piso, donde Salazar. Al parecer tenían experiencia con gente así. El hacía no poco tiempo había cobijado a un grupo de periodistas jóvenes –Gonzalo Rojas, Mariana Creimerman, Tomás D´Ornellas–, que junto con él mismo y bajo el anagrama de Rosa Creidor había honrado la legendaria escuela de la revista. De ese equipo solo quedaban escritorios vacíos y fotos a punto de caerse de un panel de tecnopor. Luego de oír un intonso y olvidable alegato hizo una sola pregunta:
–¿Sabes que este trabajo puede volverte loco, no?
–Eso no es un problema, respondí.
Acto seguido era enrolado como meritorio de las secciones Concurso Canalla y Amenidades. Un desconocido de mirada ruda y huesos elásticos me daba la oportunidad de mi vida: Inventar la vida privada de la calata de la penúltima página.
Junto con la redaccion de los brevísimos textos que acompañaban El Concurso Canalla, aparentemente la intrascendencia periodística estaba asegurada. Jorge me demostró lo contrario. En diez líneas tenía que lograr un texto que sin noticia alguna atrapara al lector por sí mismo: el lenguaje era su propio tema. No tenía la menor idea ni capacidad para hacer eso. Percatado de mi orfandad Jorge bombardeó mi cabeza con lecturas e ideas de lo que él tenía por nociones básicas del oficio; y de la vida por extensión.
La magia de la palabra era una de ellas.
Obsesionado ya con la vida de Jesús citaba recurrentemente las escenas bíblicas donde el milagro sucedía a consecuencia del verbo: Levántate, camina; ¡mira!, tú que eres ciego. La palabra precisa y bien dicha tenía el poder de insuflarle vida hasta a una bidimensional mujer desnuda. Qué no podría hacer en un reportaje.
Otra de sus ideas era que el mejor de los sabores al compartir una mesa era el de la amistad. Gastrónomo pionero a años luz de la actual novelería culinaria, convertía una visita al Koala en penúltima cena donde se convocaban a la historia toda, compartiéndose por igual pan e ideas, todas comestibles, desde las más cultas y exquisitas hasta las inclasificables. Como el día que planteó una interrogante de alcances metafísicos sobre la que sostuvimos un debate durante años: Jaime, ¿poto es palabra?
Su otro tema, el arte de amar a la mujer. Tomé notas, pero pretencioso sería creer poder abarcar la complejidad de su teoría y praxis. Solo diría que en ella había de Jean Valjean, son cubano, Changó, Antoñito el Camborio, Berlín Oriental, Herodoto, el muelle de Brighton, Borges, y chifas, todos los chifas del mundo.
En el chifa el verbo se hacía carne –v. gr., pichón–. En el chifa los platos no eran de nadie sino de todos. Y en el chifa las mujeres, iluminadas por la combinación única de luz fluorescente reflejada sobre sillaus y tamarindos, refulgían en irrepetibles tonalidades chinescas. Y si no había mujeres, la comida siempre era magnifica.
Guiado por Jorge trapeé la cubierta de las últimas páginas de Caretas durante más de un año como feliz aprendiz. Alguien acabó leyéndolo y conseguí trabajo de periodista. Ahora me doy cuenta que eso era lo que Jorge tenía en mente. No volverme periodista. Sino que aprendiera a trapear con orgullo y sin vergüenza.
Al hacernos amigos lo empecé a llamar como lo llamaban todos, Coco. Pero jamás dejé de verlo como jefe y maestro. Había leído sus libros y lo tenía por escritor notable, naturalmente ninguneado, lo que tampoco le quitaba el sueño. Su biografía improbable, de niño chosicano, extra de películas en España, estudiante de tweed en Inglaterra, tahúr perdido entre el póquer de La Victoria y la pelousse de Monterrico, asaltante de bancos por la revolución cubana, el temido Rayo que dejaba en la quiebra a los timberos de diagramación, y más, me daba absolutamente igual si era cierta o no. Entre las licencias que la magia de la palabra confería estaba el discurrir fluidamente y con una sonrisa la porosa frontera entre realidad y ficción. Este salvoconducto le traía complicaciones en contextos estrictamente literales, los hay, pero cuando sucedían en estado silvestre era magia. Sucedió en Perulandia Park, fallido parque de diversiones de su natal Chosica, cuando improvisaba la génesis a sus tristes juegos. Sucedió en Nieve Nieve, pueblo fantasma vecino a Santa Rosa de Chontay donde con una tira de carne escuálida hizo un lomito saltado alucinante para media docena de comensales del fundo Sierra Morena. Sucedió en el chifa bailable El Dorado, vetusto último piso de un edificio en Arenales donde con Aída, Gabriela y Coco se nos ocurrió, vestidos de gala un día cualquiera, presentarnos como delincuentes con el natural resultado de ser tratados como nunca antes se nos había tratado en la vida.
Por sus otras obsesiones, a saber la muerte, el fútbol y ciertos rencores que él mismo decía arrastrar de mil vidas anteriores, nunca pude interesarme. Conocí al mejor Coco. El otro personaje, que jugaba para la tribuna, quiero creer que era una reacción a una sociedad enfermamente racista y despreciativa hacia todo lo que no sea blanco y homogenizado. Inclusive ahora, en la hora de su muerte, se preguntan cómo una rubia pudo fijarse en él, culto, leído, viajado, pero azambado. Lindo mi Perú, tierra de Los Malditos de Larcomar.
Su enfermedad fue larga y dolorosa. Si tanto aguantó creo que fue al comprobar que amigos y alumnos ya eran de su familia, cariñosa solidaridad que era cosecha de su bizarra y desmedida generosidad. Entre cirujías y el marcapasos con resucitador que le dio un tiempo extra fue grato verlo con sentido del humor y escribiendo, amparado por el inacabable y guerrero afecto de Elma y la paciencia de Saldaña. Debiéndole una visita –teníamos pendiente ver un dvd pirata sobre la vida de Gengis Khan y, si aguantaba, El Resplandor– su muerte me sorprendió a bordo de un avión. Los buenos recuerdos y la gratitud volaban sobre un oscuro cielo de pena.
Felices los que nacen sabiendo. Nunca tendrán que agradecerle nada a nadie. Para los demás, con suerte, alguien se nos cruzará en la vida para hacernos ver que aquí se viene a aprender. Quien no vea en ese descubrimiento permanente una bendición o es un genio o es un imbécil. O las dos cosas.
A ti Coco te digo gracias. Anda separando una mesa grande en un chifita del otro lado.

25.6.08

El 'Negro' Salazar


La muerte de Jorge Salazar (68), tal vez el más notable cronista policial del periodismo nacional sorprendió a este Búho. El 'Negro' Salazar era un escritor que ingresó al periodismo para darle una categoría literaria. Desde las páginas de 'Caretas', en su época de oro. Lo conocí personalmente en el verano de 1992. Cuando trabajé con él en la revista 'Éxito', de Juan Carlos Tafur. Pero al 'Negro' yo lo seguía desde adolescente, a través de sus notables reportajes. Se sorprendió que hubiera leído su 'Ópera de los fantasmas' (1980), sobre la tragedia del Estadio Nacional. Pero sobre todo, 'Poggi: la verdad del caso' (1987), ya que compré ese número de 'Caretas', donde Salazar contaba que llegó a la revista un individuo estrambótico y los guachimanes no lo dejaban entrar. Lo sacaban a empellones cuando entraba el 'Negro'. 'Yo sé quién es el descuartizador' -gritó el hombre-. En esa época, varios pedazos de cuerpos femeninos aparecían en los basurales de Lima. Salazar lo hizo pasar y le invitó un lonche. Era Mario Poggi, quien lo llevó al local policial donde fungía de psicólogo de la PIP. Allí, Salazar y su fotógrafo ingresaron y Poggi sacó a Díaz Balbín y pretendió hipnotizarlo. Luego lo desnudó allí, frente al cronista. El 'Negro' me contó esa historia. 'Caretas' se agotó: ¡La policía había capturado al asesino en serie! Esa noche, pletórico de protagonismo, Poggi asesinó a Díaz Balbín. Era de los que teniendo una cultura vasta y erudita, sabía conversar, pues instruía a los jóvenes. En el ambiente periodístico cosechaba envidia, algunas por las mujeres con las que andaba. En ese tiempo su pareja era una chibola de ascendencia árabe, con bellos ojos de gato en la oscuridad, con la que algunas veces tomábamos chelas entre conversas sobre fútbol, literatura, recetas de cocina y anécdotas de su experiencia sobre el 'jet set', gracias a su matrimonio con la bella modelo inglesa Moombeam. De genio difícil, a muchos les resultaba insoportable. Este Búho lo veía como el ejemplo del hombre de poquísimos amigos y sí muchas amigas y amantes. No valoraba la riqueza material, sino lo que vivió en tantos viajes por el mundo, tantas lecturas y oficios. Su verdadera profesión fue la de un hombre que quería vivir. Que vivió la vida como quiso. Amado y odiado. Y siempre buscando la belleza y juventud para su alma de Pigmaleón. Nunca se apartó del periodismo y murió sin riquezas. Su hija lo cuidó en sus últimos días y murió seguramente feliz a su lado. En sus últimos días, como un Quijote, bregó por una causa justa y necesaria para el país: la defenestración de Manuel Burga de la Federación Peruana de Fútbol. Adiós, 'Negro'. Apago el televisor.

Diario El Trome / junio, 2008.
Foto: Dafne Zileri

10.6.08

HUELLA DE VIDA

por Pedro Escribano.

Coco, como solían llamarlo sus amigos, pertenecía a esa estirpe de periodistas peruanos que se formaron allí, donde la noticia ocurre. Creo que no hay un diario limeño ni temas ajenos a su pluma. Escribió sobre policiales, crónicas deportivas y sabrosos textos de cocina.
Jorge Salazar nació en los Barrios, en 1940. Corrió sus años de infancia en Chosica y después en Santa Beatriz, en Lima, "con incursiones –confesión cunda– en la Victoria".
Estudió en la Universidad de San Marcos y en universidades parisinas y alemanas, donde estudió filosofía, pero terminó estudiando arte y periodismo en Madrid.
Era un periodista de barrio, pero también de trajín cosmopolita.


ESCRITOR Y SUS LIBROS


Pero Jorge Salazar no solo fue un cronista de temas coyunturales. Fue escritor e investigador acucioso, cuyas cosechas casi siempre terminaron publicadas en libros. En 1980 ganó el premio Casas de las Américas con La ópera de los fantasmas, sobre la tragedia del Estadio Nacional de 1964. Otros libros suyos son Una visión del Perú (premio De Gius de los Países Bajos), Poggi: La verdad del caso, La medianoche del japonés y Los papeles de Damasco. Con su libro Crónicas gastronómicas, ganó el premio Gourmand World Cookbook Awards 2006.
Sin duda, es uno de los pocos historiadores del crimen en el Perú. Su colección Historia de la noticia lo confirman. "La historia –dijo a La República en una entrevista– es algo que me ha fascinado desde muy joven y pienso que el homicidio, el crimen y el delito forman parte de la historia de los pueblos, aunque muchos lo pasen por alto. Yo creo que un pueblo que no conoce la historia de sus errores, de sus horrores, está llamado a repetirlos". Entonces –concluía–, me siento, al mismo tiempo, asqueado y enriquecido".
Esa era la conciencia de este periodista que perseguía a la muerte.

9.6.08

Hará falta un punta de lanza

por Carlos Baltazar
Coeditor de Deportes

La triste partida de don Jorge Salazar ha dejado un hondo dolor en nuestra sección de deportes en La República. Nunca fuimos amigos, pero permíteme tutearte. No me acuerdo si alguna vez cruzamos conversaciones, pero te conozco desde aquella época en que tu amistad con Juan Carlos Oblitas te llevaba a seguir de cerca las prácticas del seleccionado nacional en los últimos años de los noventa. Sabía de tu pluma crítica, de lo duro que tratabas a quienes de verdad hacen daño al fútbol y de tu amplio conocimiento de la realidad deportiva. Te fui conociendo más mediante tu columna PUNTA DE LANZA. Tus objetivos eran los nuestros. Sacar del fútbol a los malos dirigentes, no más Manuel Burga, no más Juvenal Silva... Dejas ahora un vacío, pero seguiremos en tu lucha. Quizás hoy hubiéramos leído un severo mensaje a Chemo Del Solar.

8.6.08

EUDEMONÍA


a Jorge Salazar

Alguien entra sin permiso
se lleva
ropa perfumes libros
televisores cuadros huacos
dinero comida cigarros
el papel higiénico
y tu máquina de escribir
una dos tres
cuatro veces entra
pero tú que eres la canción
de Atahualpa Yupanqui
El Aromo
te ríes
no te han robado
te ríes con ese aire burlón
mientras lloro me abrazas y regalas
una muñeca descalza
mi novela de Ken Kesey
un poema manchado con café
mi chaufita de camarones
me abrazas y ríes
nada te han podido quitar

elma murrugarra. juegos (magdala editora, 2002)


El aromo


Hay un aromo nacido
en la grieta de una piedra.
Parece que la rompió
pa’ salir de adentro de ella.

Está en un alto pelao
no tiene ni un yuyo cerca
viéndolo solo y florido
tuíto el monte lo envidea.

Lo miran a la distancia
árboles y enredaderas,
diciéndose con rencor
¡pa’ uno solo, cuánta tierra!

En oro le ofrece al sol
pagar la luz que le presta
y como tiene de más,
puñao por el suelo siembra.

Salud, plata y alegría
tuíto al aromo le suebra
asegún ven los demás
desde el lugar que lo observan.

Pero hay que dir y fijarse
cómo lo estruja la piedra,
fijarse que es un martirio
la vida que le envidean.

En ese rajón el árbol
nació por su mala estrella,
y en vez de morirse triste
se hace flores de sus penas.

Como no tiene reparo
todos los vientos le pegan,
las heladas lo castigan,
l’agua pasa y no se queda.

Ansina vive el aromo
sin que ninguno lo sepa
con su poquito de orgullo
porque justo es que lo tenga.

Pero con l’alma tan linda
que no le brota una queja
que no teniendo alegrías
se hace flores de sus penas.
Eso habrían de envidiarle
los otros si lo supieran.

Pero con ‘l alma tan linda
que no le brota una queja,
que no teniendo alegrías
se hace flores de sus penas.
x


por Atahualpa Yupanqui

6.1.08

Un tahur novelista por Rosina Valcárcel

El ‘62 lo conocí a Jorge Salazar en el Instituto Mariátegui, él tenía 23 años, era solitario, serio y militante comunista. A partir de 1964 en la Universidad de San Marcos, cerca a Adriana Palomino, Alaín Elías, Carmen Sánchez, cultivamos sueños e inquietudes. Con el tiempo, su humor y cierto escepticismo se expresarán en sus libros distinguidos. Es un escritor importante y un agudo periodista ameno, por sus viajes se hizo mundano, tahur favorecido por la suerte en el juego, lo que solo es resultado de su fe en el azar y le permite compartir los frutos de ese don. Desde 1995, de modo intermitente, platicamos alrededor de una mesa frente a un delicioso plato de comida preparada por él. Así supe que para Coco escribir es todo. Le causa tristeza y dicha, cuando concluye algo se siente un dios, por crear universos que substituyen el real, que mejoran todo lo ya caduco: la Iglesia o el Partido. Hoy sobrevive como los gatos (que amamos) y va por su sexta vida toreando los males del corazón.

¿Desde cuándo escribes narrativa y qué te motivó?
No tengo una memoria precisa sobre cuándo empecé a escribir, lo que sí puedo afirmar es que al provenir de un hogar conservador y tradicional, dónde los niños “deben escuchar a los mayores”, sentía que me faltaba comunicación y empecé a escribir ... sueños, amores, frustraciones ... Algunos temas o personajes son útiles para enmascarar al infante, aquel que éramos en la niñez y que, a veces, deseamos seguir siendo. Algunas tardes ese niño aparece y se esfuma como un cuento de brujos.


¿Qué libros y autores influyeron en tu obra?
Muchos. Lo que pasa es que libros y autores tienen sus edades, sus tiempos, de niño leía a Monteiro Lobato, Salgari; luego vendría Walter Scott, Unamuno ... Mi generación leía y adoraba a Sartre, Vallejo, García Lorca, la Rochefort ... De muchacho me llegó muy cerca Enrique Congrains; luego vendrían Borges y Vargas Llosa. Hubo un tiempo para un trío de españoles: Luis Martín Santos, Cela y Antonio Gala ... Ya te digo, admiro a muchísimos amigos: Gregorio Martínez, Miguelito Gutierrez ... Me imagino que hay mucho más libros y autores que influyen y me ayudan en el oficio ...

¿Qué filmes y directores te marcaron?
Con el cine me sucede lo mismo que con la lectura: cada época de la vida, creo, tiene sus películas y directores: los western de John Ford; el realismo italiano de Rosellini, De Sica; películas inolvidables: Roma, ciudad abierta, Nos habíamos amado tanto... Eran días de Gasman, y Ettore Scola. Mastroiani y Fellini. Estos días tengo en la memoria franceses como Chabrol o ingleses como Hitchcock. ¿Cómo dejar de lado el formidable trabajo de Clint Easwood? Hay edades, tiempos ...

¿De tus viajes, qué rescatas?
Creo que ha sido una suerte haber terminado la escuela en Europa, Inglaterra. El vivir tantos años fuera del país te enseña a tomar conciencia de tu propio país: sus miserias y grandezas; también a darte cuenta que somos herederos de una formidable civilización y tendríamos que estar a la altura de ello. Conocer otros pueblos, satisface curiosidades y te convierte en un humanista.

¿De tu militancia juvenil qué recuerdas?
Creo que ser de izquierda, militante, era una opción impostergable en los años de juventud, los años ‘60. Los jóvenes no podrían dejar de lado el tren de esa historia.

¿Qué grandes penas, tristezas?
Todavía, y creo que nunca pasará, me duelen la muerte de mi abuela y mi madre; la de algunos compañeros luchadores, Heraud, Pedro Pinillos. Y, por supuesto, me cuesta trabajo saber que Lucho Hernández no vendrá a cenar a la casa.
x
¿Qué piensas del amor y qué de la amistad a estas alturas de tu vida?
Que no sirven para nada, salvo para conseguir lo más importante de la existencia: ser feliz.

5.1.08

Entremés por Jaime Bedoya

Lo admirable es que, con todo lo que sabe de comida, Jorge Salazar come poco. Cada vez que hemos compartido una mesa no ha dejado de sorprenderme los pocos bocados con los que se satisface, dejando sutilmente a entender que el mortal y común apetito que nos lleva a coger los cubiertos no es la única ni menos aún la principal razón por la que Salazar rinde culto a las tres comidas diarias, que a veces es solo una, pero suficiente. Un estómago pequeño también ayuda.

Su deleite y ritual gastronómico se inicia con una honda contemplación del plato, en busca de la genealogía e historia que lo hace apetecible. Al iniciarse esta pesquisa –digamos, a partir de una pizca de tausí apenas percibible sobre un ala de pichón– vertiginosamente se sumerge en los miles de años que puedan haber detrás de la incorporación de un condimento otrora salvaje a la refinación culinaria, recreando en breves estampas animadas que a veces comparte y otras también, algún suceso histórico que tuviera dicho alimento como marco digestivo de fondo, que al entendimiento y argumentación de Salazar se hace protagonista principal por encima del hecho mismo.

Así, el inicio del poderoso Imperio Romano al concretar el dominio militar de Egipto a través de cruentas batallas, no es en verdad sino un pretexto por controlar el crujiente pan que se lograba con el dorado trigo del Nilo. Pan, luego imperio.

Cuando esto sucede y sucede siempre, el restaurante, el chifita de barrio, la modesta mesa de cocina –no importa el lugar–, se ve honrada por la presencia de ilustres espontáneos que nadie, salvo Salazar, podría invitar: faraones egipcios de paladar eterno, esclavos persas de papilas liberadas, algún apóstol goloso, o un guillotinado aristócrata francés, cabeza en mano, en busca de la mayonesa perfecta. Luego, con la misma velocidad con la que fueron convocados desaparecen hasta la próxima cita invisible. Acudirán puntuales como el hambre.
x
No me consta que esto suceda cuando Salazar come solo. Aunque dudo que alguna vez coma solo. En un país dolorosamente hambriento como el nuestro, en que el conocimiento gastronómico pasa por elitismo culturoso, moda de bolsillo caro, falso lujo del que recién aprende a comer sentado; para él, y esto es aún más admirable, compartir una mesa es el mejor de los sabores posibles. A la mesa los hombres se hacen hermanos, dice, y no se cansa de repetir cientos de ejemplos que empiezan con las bondades de la Ultima Cena y terminan con el horror del Banquete de los Asesinos. Tal vez por eso come poco, para que los demás prueben y sepan del placer que él conoce como mejor alimento que nos da la historia, nos da el comer, nos da el vivir; la generosidad. A la mesa y fuera de ella.

Aunque acerca de esto darían mejor testimonio Fu y Lato, gatos del autor iniciados por él mismo en las exquisiteces del paté de venado y el pato a la laguna, entre otros manjares que llenan los días de aquellos afortunados y sibaritas felinos camino a la obesidad animal. Para ellos, y para los comensales de esta comida escrita de Crónicas Gastronómicas, buen provecho.

4.1.08

Salazar por Elma Murrugarra


Hablar de Jorge Salazar es hablar de poesía. Su biografía esta llena de luchas, de aventuras pero, fundamentalmente, de libertad. Él representa la libertad en su estado más puro. La libertad de pensamiento, de acción, de arte, de vida.

Es el mismo Jorge quien puede codearse y conversar en perfecto inglés con la más rancia nobleza británica y al día siguiente, ser el faite más grosero en una esquina de Barrios Altos jugando a las cartas. Porque Jorge juega, porque para él la vida es eso. Pero también, este Jorge Salazar puede ser, al mismo tiempo, un catedrático erudito en la Universidad de Berlín y el más impaciente de los pacientes del hospital Loayza, donde le sonríe con ironía a la muerte. Y lo hace sin miedo, como ha hecho todas las cosas en su vida.

Sin embargo, muchos lo han enmarcado en el rol de periodista, que por cierto lo es, y brillante: deportivo, policial, gastronómico y humanista en general ¿habrá algo sobre lo que no pueda escribir Jorge Salazar? Es uno de los mejores y más esclarecidos cronistas del Perú.

Pero su singularidad y su indiscutible talento lo hacen ser tan buen novelista, como periodista y también como maestro. Recordemos que sus novelas traspasaron nuestras fronteras cuando aún era Jorge una de las jóvenes promesas de las letras nacionales en los años sesenta. Él obtuvo el codiciado premio Casa de las Américas en 1980, prematuramente y con justicia, por su novela “La ópera de los fantasmas”.

Él ha viajado por los cinco continentes, recogiendo de cada lugar lo más selecto para ofrecerlo a nuestros espíritus. Así nos ha entregado una vasta producción con títulos como “Piensan que estamos muertos”, “La medianoche del japonés”, “Poggi: la verdad del caso”, hasta su mas reciente y celebrado libro, tanto en el Perú como en México, “Los papeles de Damasco”. Como un prestigiado representante de la literatura policial, también ha ganado aplausos con su colección de “La historia de la noticia”, libro de consulta obligatoria en todas las facultades de periodismo del país. Su obra, “Crónicas gastronómicas” premiada como el mejor libro de literatura gastronómica en el mundo, nos causa tanto deleite literario como cuando degustamos una de sus antiguas recetas. Porque Jorge Salazar es también un exquisito gourmet y excelente cocinero, y yo puedo dar fe de ello porque me ha honrado en su mesa como a una reina, pues él sabe sazonar el cariño con historias, con leyendas, con citas y con su amor profundo por todo lo hermoso que tiene el ser humano.

Gracias a Jorge Salazar por todo lo que nos sigue dando en letras y sabores. Gracias a la Cámara Peruana del Libro, por permitirnos rendirle tributo y poder estar con él en esta noche tan importante.
x
Foto: Jorge Paz
En el Homenaje a Jorge Salazar por la Cámara Peruana del Libro.

1.1.08

JORGE SALAZAR



(Lima, 1940) Escritor, viajero y periodista múltiple, ha trabajado en casi todos los diarios del Perú, fue editor de la revista Caretas y ha escrito en el semanario Dier Spiegel, de Alemania, y en Cambio 16 de Madrid.En 1969 publicó el ensayo Una visión del Perú con el que ganó el premio De Gius de los Países Bajos. En 1979, Piensan que estamos muertos. En 1980 ganó el Premio Casa de las Américas por su novela La ópera de los fantasmas. Luego vendrían Poggi: la verdad del caso (1987), La medianoche del japonés (1992) y Los papeles de Damasco (2006).Desde muy temprano Salazar destacó con sus escritos como el pionero en el Perú de aquello que Anthélme Brillant Savarin llama “El Arte de la Gastronomía”. Ha publicado el libro Crónicas Gastronómicas (2005) que ganó el Gourmand World Cookbook Awards 2006 como mejor libro de Literatura Gastronómica en Latinoamérica. Fue representante del Perú en el gran simposio internacional realizado en España para celebrar el V Centenario del Descubrimiento de América: Canarias, en la ruta de los Alimentos. Es editor y uno de los autores del libro La Academia en la Olla (1995).Jorge Salazar también es un investigador y analista del fútbol nacional e internacional. Es asesor y colaborador de UNICEF en temas deportivos. Ha editado el libro 11 Historias de Fútbol (2000).Es considerado el mayor especialista nacional en crónicas policiales, de muerte y misterio y ha publicado cuatro volúmenes especializados sobre la Historia de la Noticia: A sangre y tinta (1996), La guerra y el crimen (2001), De matar y morir (2004) y La sangre derramada (2007).
En la actualidad se desempeña como Catedrático e investigador en la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología de la Universidad de San Martín de Porres.
x
x

Foto: Adrián Portugal

6.12.07

Homenaje a Jorge Salazar

1.12.07

Los papeles de Damasco

El origen de este libro creo que se remonta a mi infancia. Desde muy temprano nos piden ser racionales, que usemos el cerebro, pero a la vez a uno le inoculan estos hábitos religiosos que contradicen ese pedido. Por otro lado, la Semana Santa de mi infancia era muy diferente: para un niño, estaba llena de terror. Era obligatorio ver la vida, pasión y muerte de Cristo en matiné, vermú y noche; no se podía oír música ni hablar alto, y decir una lisura era condenarse. Pero conmigo pasaba algo.", explica Jorge Salazar.

¿Algo como qué?
Yo leía mucho las aventuras de Sandokán, del Corsario Negro, de Robin Hood; todos bandidos, pero siempre en busca de la justicia. Entonces, cuando veía la crucifixión de Cristo, siempre me preguntaba -también iba mucho al cine- a qué hora llegaba el sétimo batallón de caballería a salvarlo. Y probablemente en mi mente fabulé que había que salvar a este hombre tan bueno al que hacían sufrir tanto. Entonces, vivía con angustias porque, cada vez que hacía preguntas acerca de lo que me parecía contradictorio, las respuestas eran una especie de 'calla mierda'.En su libro relata que el trabajo empezó en el Medio Oriente.En mi primera juventud, me fui a la Madrid franquista, donde trabajé en el diario Informaciones y tuve la suerte de que me mandaran, durante la Guerra de los Seis Días, a Damasco.
x
¿Es cierto que se encontró esos rollos antiguos en un taxi de Damasco?
Claro que sí. Estaban escritos en varias lenguas antiguas, por lo que pensé que era el olvido de un paleógrafo, y me llevaron a retomar aquellas angustias de niño. Una serie de amigos en Europa me ayudaron a traducir esos rollos, que me hicieron entrar en contacto con historiado
res y hacer una serie de investigaciones.
x
¿Y conserva esos rollos?
No. Se los regalé a mi primera esposa, una alemana que me ayudó muchísimo -a ella está dedicado el libro- y que, como buena alemana, los donó a una biblioteca.
x
¿De qué hablaban esos rollos?
De una secta cristiana que no conocemos y del florecimiento de una serie de comunidades cristianas en Damasco. Hablaban de Jesús, pero como un mago, y de Claudia Prócula (la esposa de Poncio Pilatos), que es una santa. Sin embargo, no me interesa hablar sobre teología o discutir. Lo que me interesa es que el libro entretenga.
x
Ha reunido información histórica.
Es totalmente correcta. Eso es lo que me ha tomado años.En su libro, el padre de Jesús era un soldado griego.Eso lo sostiene un historiador como Robert Graves. Hay muchas investigaciones realizadas en torno a este tema, solo que se mantienen en cierta clandestinidad. Nosotros somos tan cristianos como cualquier inglés. No creo que las angustias sean exclusivas de un chico de Santa Beatriz, pero por respeto a la religión de mis padres y de mi pueblo, no me interesa discutir eso.
x
El Código Da Vinci ha puesto en agenda temas similares.
Pero lo mío no es eso. Y espero que los lectores vean que lo mío es una reflexión muy seria que empezó en la infancia y que me ha tomado muchísimos años y mucho dinero. Pero yo soy feliz con esto.
x
por José Gabriel Chueca.
Diario Perú 21. Martes 16 de mayo del 2006.

19.7.07

Por el sendero de la violencia

El escritor y periodista Jorge Salazar nos presenta el cuarto volumen de la serie “Historia de la Noticia: La Sangre Derramada” (USMP).

–¿Somos muy violentos los peruanos de hoy?
No sólo ahora somos muy violentos. El Perú tiene una vieja tradición de violencia si nos remitimos a la historia. Pero ahora llevamos una sobrecarga de violencia que viene a partir de la presencia de Sendero Luminoso en nuestras vidas. Este fenómeno nos ha hecho perder buena parte del sentido humanista que deben tener las acciones humanas.

–Sufrimos de un grave distanciamiento frente a la muerte…
Claro, la guerra interna nos despojó de parte de nuestra humanidad porque nos acostumbramos a vivir con la muerte. Nos hemos distanciado del horror. Ya no nos horrorizamos frente a las violaciones, las torturas, los asesinatos y las masacres.

Tanto así, que pensamos la muerte en cantidades: “¡Son sólo cinco muertos!”…
Exacto. Hay un gran vacío cualitativo en la población. Ya no nos interesa la humanidad ni la persona, sino el número de muertos o el espectáculo de la muerte.

–¿Cree que los medios de comunicación reflejan esa percepción de la muerte como espectáculo o hay una irresponsabilidad de parte de los periodistas?
Hay de ambas partes. Indiscutiblemente los medios reflejan parte de la realidad y también hay, lamentablemente, un periodismo interesado en convertir en sensacionalismo todo lo que toca. En especial cuando se trata de la muerte.

–¿Cómo podemos sublimar esta sobrecarga de violencia que llevamos?
Debería ser una tarea colectiva del Estado. Hablo de una urgente necesidad de reeducación de la sociedad. El gran problema es cómo. En algunos sectores de nuestra sociedad hay individuos que han tomado conciencia de esto, pero es una tarea colectiva que se debe hacer con la comunidad entera. Quienes hemos tenido educación y cultura podemos revertir ciertas conductas violentas, pero qué pasa con la gente que no ha recibido educación, o que recibe migajas de educación, y que son maltratados por la dura realidad. Todo ese segmento poblacional está propenso a explotar violentamente.

–¿Población que puede ser foco de un retorno de los tiempos del terrorismo?
Creo que el fenómeno terrorista no ha acabado mientras haya estos grandes sectores olvidados, no sólo por la falta de agua, luz y desagüe, sino fundamentalmente por la falta de educación y de humanismo.

–¿Hay algún ámbito social que escape a la deshumanización que nos provocó la guerra interna?
No. No hay capa de la sociedad que haya escapado a ello. Está presente en los estadios de fútbol, en los juegos infantiles, en los asaltos a taxistas. Antes se cogoteaba a los taxistas y se les dejaba vivos, ahora se les mata con tiro de gracia, que es una práctica de la guerra contra el terrorismo, que ha sido escuela de violencia, de muerte y de inconducta humana. El propio homicidio se ha ido “deshumanizando” desde principios del siglo XX hasta ahora. Antes había rasgos de piedad, ahora no. El hombre es el único animal que elimina a miembros de su especie, no creo que sea algo natural sino fruto de los condicionamientos sociales. No conozco patos que maten patos.

–¿Qué nos espera como sociedad si no hacemos algo frente a la violencia?
Creo que, si no hay una tarea de reeducación y de saneamiento mental, vamos a tardar mucho más tiempo en alcanzar ciertos niveles de humanidad y de solidificarnos como una sociedad. En otras palabras, vamos a seguir siendo un país sin personalidad y sin identidad, donde la única identificación está dada por la violencia y la corrupción, lo cual es gravísimo.

–Finalmente, ¿qué otros proyectos tiene a futuro?
En dos meses debo de terminar de corregir “La vuelta al mundo en 80 platos”, que será publicado por Alfaguara. También estoy preparando “La historia del fútbol peruano”, que la editará la Universidad San Martín de Porres en dos volúmenes y que debe estar lista para fines de este año.

por Tomacini Sinche
Expreso, 15 de abril de 2007

17.7.07

Agradecidos por el arroz

Si hubo alguna vez en mi existencia una mesa con sinónimo de felicidad, esa fue la de los chifas de mi infancia. Estoy seguro que en ese sentimiento coincido con la gente de mi generación. Creo, por otro lado, que no hay nostalgia por lo lejano cuando hablamos con alegría del viejo barrio chino de Lima y, particularmente, de la calle del Capón, donde según la historia, se abrió allá por 1921 el primer chifa de la ciudad de los Virreyes. Pero aprender a comer pato pekinés con palitos de marfil no era el único encanto de esa edad que no termina de perderse. Más allá de la gloria que significaba sentarse en una mesa en compañía familiar, la jornada sumaba otros atractivos: el Buda de porcelana de vientre redondo y pequeños pendones multicolores a su alrededor, junto a majestuosos dragones de jade, formaban parte de la coreografía del bar y los pasadizos del restaurante. Pero eso no era todo: biombos forrados de seda sobre los cuales se habían bordado cigüeñas de dulces ojos. Así, ese decorado le brindaba a uno la ilusión de haberse metido dentro del mundo sereno, grandioso e inmutable de la vieja China.
x
La geografía del País de la Seda es un vasto universo compuesto por altísimas montañas e interminables desiertos; inmensos ríos y fértiles valles que han permitido una riqueza natural que es la base para el desarrollo de una cocina a la vez ejemplar, inimitable y que gira alrededor del arroz. El filósofo Kong-Fu-Tsu, mejor conocido como Confucio, dice: “Una cocina sin arroz es como una mujer hermosa a la que le falta un ojo.” Conocedores o no de Confucio, lo cierto es que los inmigrantes chinos llegados interrumpidamente al Perú, son de alguna manera responsables de que el arroz constituya para los peruanos de hoy una especie de pan de cada día que acompaña cualquier potaje.
x
Luego, el caminar por esas calles de tiendas abigarradas donde se vendían cosas que no se veían en ningún otro sitio: máscaras, dragones de fieltro, pájaros de felpa, violines de tres cuerdas, abanicos, faroles de papel, varillas de incienso y más Budas de marfil o metal y por supuesto, las tiendas donde se expendían patos y gallinas doradas por el horneado con laca. De alguna manera, los peruanos que comíamos chifa y caminábamos por esas calles sabíamos que aquellos que decían que la China era un pueblo de gente resignada y fatalista, mentían. Eso lo supimos quienes fuimos desde muy temprano a comer al Kuong-Tong, Ton-Quin-Sen y San-Joy-Lao. Estas líneas quieren dar fe a ello.
x

(del libro Crónicas gastronómicas)

22.10.05

Agua de la eternidad

Si las fuentes, pozos y manantiales constituyen la vida; la vida que brota cristalina, corriente y ruidosa, es absolutamente normal que hayan desempeñado un importante papel en los cultos y también en el universo de la alimentación y la comida. Así las cosas, todos los pueblos atribuirán a algunas aguas, virtudes mágicas y curativas: poseen el poder de regenerar y acercamos a los dioses. A todos los dioses. No es pues ninguna casualidad que al mayor santuario y oráculo de la Antigüedad, el de Delfos, se le localice en las cercanías del manantial sagrado del mismo nombre, tampoco es casual que el antiquísimo mito quechua-aymara de los hermanos Ayar, localice el punto de partida de estos semidioses y sus esposas en las aguas del Titicaca. La Biblia relata sobre las prodigiosas aguas que hace brotar Moisés de una roca situada en el corazón del desierto del Sinaí.
El agua es pues la más universal de las bebidas, pero más allá del agua corriente y normal existen las denominadas aguas minerales que, pese a todas las confusiones que se dan al respecto, cada una de ellas tiene un sabor particular, diferente. Prueba de esto lo encontraremos en naciones tan disímiles y distantes como Marruecos y la China, países donde los catadores de agua son una institución histórica. En ambas naciones, los catadores de agua han sensibilizado tanto el paladar que les es posible, sin muchos esfuerzos adicionales, apreciar los matices más sutiles de las aguas minerales. Estos catadores llegan a reconocer, por el sabor, los manantiales de donde proceden las aguas que contactan con sus labios.
x
(del libro Crónicas gastronómicas)
Foto: Ana vera.

23.7.05

Palabra de Lucifer


El diablo, Lucifer, el demonio, como quiera que se le llame, lo cierto es que jamás ningún otro ser, real o imaginado, hizo correr tanta tinta, sembró más miedos o reunió tantos discípulos... La incesante carrera luciferina empieza; según dicen los textos más viejos, la mitología y las tradiciones; en las primeras horas de la creación del mundo. Las convulsiones del género humano, incluidas las enfermedades, el trabajo y la muerte, tienen su origen en la engañosa invitación que hará Satanás (serpiente habladora) a la desdichada y curiosa Eva. Ella degustará el alimento prohibido: el fruto arrancado del árbol del Bien y el Mal. Alejado ya de la perfección el género humano recibirá de su creador otra definitiva y condenatoria sentencia: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”.
II
El luciferino trabajo de tentar, hacer caer en pecado al hombre, se repetirá infatigablemente a través de las edades. Así por ejemplo, el evangelista Mateo nos muestra a Jesús, el nazareno, hambriento durante su ayuno de cuarenta días y cuarenta noches en el desierto. Y es allí, en ese crucial momento en que Satanás le sugerirá que rompa su palabra y convierta un puñado de piedras en fresco pan. Jesús demostrará fortaleza y continuará con su ayuno. Pero Satanás no cejará y otra vez, y a sabiendas que el Maestro tiene labios aptos para el buen comer y el degustar de vinos, pondrá a su alcance el más exquisito y vaporoso banquete que alguien pueda ofrecer...
III

En las soleadas tierras de la Toscana se sostiene que Lucifer, más sabe el diablo por viejo que por diablo, ha aprendido y que ya no solamente toma las formas de la serpiente. Dicen que por allí alguna vez encubrió cuernos, rabo y pezuñas bajo la prestigiosa apariencia de cocinero. Al Maligno pues se le atribuye el "pollo a la Diabla". Dicen que con el objeto de ganarse el alma (y seguramente el cuerpo) de una bella ragazza de 17 primaveras, el mañoso genio del mal improvisó la mentada receta. Pollo frito en aceite de oliva acompañado de una salsa preparada con cebollas doradas en mantequilla, a la que se agrega vino blanco, perejil, hojas de laurel, hongos y dos tipos de pimienta: la negra y la de Cayena.
x
(del libro Crónicas gastronómicas)

Casablanca: el menú de la nostalgia

Ninguna película menos necesitada de publicidad que Casablanca, ese clásico dirigido por Michael Curtiz y protagonizado por la inolvidable pareja conformada por Ingrid Bergman y Humphrey Bogart y que ganase el Oscar 1943 para la mejor cinta. Sin embargo, esa vocación de recordar que a veces impone el tiempo quizás sea la causa, más de medio siglo después del estreno del comentado filme, de la aparición de un libro-recetario: Casablanca: Kitchen notes of the Rick's Cafe (Casablanca: Notas de cocina del Café de Rick). Las autoras, tres aficionadas estadounidenses (Sarah Key, Jennifer Newman Brazil y Vicky Wells) no han hecho otra cosa que elaborar una carta de comidas de ficción para esa otra ficción que tanto degustaron los cinéfilos de sesenta años atrás.

II

A pesar de que las recetas contenidas en el comentado volumen son demasiado sofisticadas como para imaginarlas degustadas en un ambiente como el de Casablanca, donde el temor y la muerte se constituyen como primordial fondo de la obra, vale la pena, disimulando la contradicción, considerar la cosa como punto de encuentro de dos grandes pasiones: la gastronomía y el cine. Y así, ya salidos de la trama, veremos a Bogart aplicado en hallar a conciencia la dosis precisa de zumo de naranja que debe contener el elaborado "coktail de whisky a lo Rick" que ofrecerá ya no a una angustiada mujer que huye con su marido de las zarpas policiales nazis, sino a una muchacha complacida de simbolizar al amor que viene de París.


III

Pero hablar de Casablanca, no puede ser de otra manera, es como mirar al pasado. Y si miramos al pasado con los ojos del presente, se corre el peligro de escaparnos del marco y olvidándonos de estrellas, diosas y leyendas hacernos preguntas más o menos insolentes. ¿Qué hizo posible que un melodrama tan pobretón y simple como Casablanca haya conseguido llegar hasta ese sitial que la memoria guarda para las joyas, para los inolvidables clásicos del cine? ¿Qué tuvo esa película que logró vencer a las siempre inclementes espinas del tiempo? ¿Cómo ha sido posible que durante varias generaciones la crítica haya pasado por alto la melodramática trama de la cinta y la haya calificado de inolvidable? Quizás la respuesta se encuentre en una sola palabra: nostalgia. Sí, la nostalgia...
x
(del libro Crónicas gastronómicas)

18.7.05

JORGE SALAZAR

(Lima, 1940) Escritor, viajero y periodista múltiple, ha trabajado en casi todos los diarios del Perú, fue editor de la revista Caretas y ha escrito en el semanario Dier Spiegel, de Alemania, y en Cambio 16 de Madrid.En 1969 publicó el ensayo Una visión del Perú con el que ganó el premio De Gius de los Países Bajos. En 1979, Piensan que estamos muertos. En 1980 ganó el Premio Casa de las Américas por su novela La ópera de los fantasmas. Luego vendrían Poggi: la verdad del caso (1987), La medianoche del japonés (1992) y Los papeles de Damasco (2006).Desde muy temprano Salazar destacó con sus escritos como el pionero en el Perú de aquello que Anthélme Brillant Savarin llama “El Arte de la Gastronomía”. Ha publicado el libro Crónicas Gastronómicas (2005) que ganó el Gourmand World Cookbook Awards 2006 como mejor libro de Literatura Gastronómica en Latinoamérica. Fue representante del Perú en el gran simposio internacional realizado en España para celebrar el V Centenario del Descubrimiento de América: Canarias, en la ruta de los Alimentos. Es editor y uno de los autores del libro La Academia en la Olla (1995).Jorge Salazar también es un investigador y analista del fútbol nacional e internacional. Es asesor y colaborador de UNICEF en temas deportivos. Ha editado el libro 11 Historias de Fútbol (2000).Es considerado el mayor especialista nacional en crónicas policiales, de muerte y misterio y ha publicado cuatro volúmenes especializados sobre la Historia de la Noticia: A sangre y tinta (1996), La guerra y el crimen (2001), De matar y morir (2004) y La sangre derramada (2007).En la actualidad se desempeña como Catedrático e investigador en la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología de la Universidad de San Martín de Porres.

17.7.05

La bomba atómica

Los efectos del empleo militar de la bomba atómica por los Estados Unidos fueron tan espantosos que aún hoy a los investigadores y estudiosos de esos días, se les hace inexplicable la alegría con la que los medios de comunicación de todo el mundo recibieron la noticia. Terminado el conflicto, empezaron los estudios para evaluar en toda su magnitud los efectos de los experimentos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki. Los pavorosos resultados en relación a los seres humanos (y en general a los seres vivos) que se encontraban en el radio de acción de la bomba quedaron a la vista. Quemaduras irreversibles, músculos que se retraían hasta provocar la deformación total de los miembros, ojos cegados de por vida, la piel que se caía en trozos, sin contar la esterilidad y desequilibrios celulares y emocionales que traían otras dolencias irreparables. Nunca la humanidad había conocido tanto salvajismo. Y será a partir de la toma de conciencia de la barbarie realizada que empezarán a tomar cuerpo y forma lo que hoy llamamos organizaciones pacifistas. Pero ya el mal no tenía vueltas, el hombre había escrito la página más salvaje y desgarradora de su larga historia.
x
(Historia de la Noticia: De matar y morir)

16.7.05

La Pena de muerte

Para quienes transitaron los años de la alucinante década del 60, hubo pocas dudas: aquel fusilamiento del violador y asesino, Guillermo Lavalle Vásquez, “Pichuzo”, llevado a cabo en la isla San Lorenzo, tuvo como finalidad no tanto la idea oficial de disuadir a ese tipo de criminales, sino la soterrada intención de amedrentar políticamente a los rezagos de los recientemente vencidos movimientos guerrilleros.
Pero más allá de lo dicho, la pena de muerte plantea una serie de cuestionamientos y dudas de índole moral y ética, toda vez que se da por entendido que en la sociedad cristiana, la vida de un ser humano es sagrada y por lo tanto, invalorable.
De aquella ejemplaridad disuasoria, alegada para dicha condena, simplemente quedó el papel: el paso de los años demostraría que el índice de los delitos por los que se condenó a Lavalle Vásquez -violación y asesinato- no disminuyeron.
Dentro del viejo debate sobre la utilidad de la pena capital, será necesario recordar los planteamientos humanistas que señalan que si se trata de proteger a la sociedad de manera justa y eficaz, basta con las condenas a perpetuidad. Otro firme alegato contra la inhumanidad de dicha condena es aquel que sostiene la siempre presente posibilidad de que se cometan errores judiciales que permitan una injusticia irreparable.
Asumir una posición en contra de la pena de muerte es reiterar el carácter sacro e inviolable de la vida humana.
x
HISTORIA DE LA NOTICIA, La guerra y el crimen.

3.5.05

L I B R O S de Jorge Salazar

X
X

Los papeles de Damasco
Jorge Salazar
Suma, Lima,
mayo, 2006
Suma, México,
octubre, 2006
205 pp.
x

x
¿Fue Jesús verdaderamente crucificado por los romanos? ¿Fue rescatado de esa ignominiosa muerte destinada a los peores delincuentes, esclavos, piratas y sediciosos? ¿La hermosa Claudia Prócula, sobrina influyente del emperador Tiberio y esposa de Poncio Pilatos, intercedió para que lo bajaran de la cruz? Marcio, un joven cronista romano, acompañado de su siervo, maestro y amante griego, Teófilo, intentarán develar uno de los misterios que han encantado y ofuscado a todas las generaciones.
______________________________________________
x

Crónicas gastronómicas
Jorge Salazar
USMP, 2005. 138 PP.

Gourmand World Cookbook Awards 2006

Salazar nos entrega un viaje a través del tiempo y de la historia que nos traslada desde las mesas de los dioses del Olimpo que degustaban el cordero y la ambrosía, hasta los festines de los piratas ingleses, que celebraban sus golpes con sopa de tortuga y vino de Madera. El autor no se olvida de los potajes de la Roma imperial, cuyos excesos gastronómicos la llevarían a la destrucción.
______________________________________________

La Medianoche del Japonés
Jorge Salazar
USMP, Segunda edición, 1996.
257 pp. (agotado)
x
Revela, desde la primera página, la obsesión de resolver el mayor enigma de la historia policial del Perú: el asesinato de dos familias japonesas. Este caso que conmocionó por décadas a la sociedad peruana llevó al autor de esta novela a una minuciosa investigación sobre la hermética cultura japonesa.
______________________________________________
x
La ópera de los fantasmas
Jorge Salazar
Ediciones Premio Casa de las Américas, Cuba, 1980.
231 pp. (agotado)
mosca azul editores & ediciones treintaitrés, 1980.
151 pp. (agotado)
x
Novela ganadora del Premio Casa de las Américas 1980. La más pavorosa tragedia del deporte mundial, la masacre del 24 de mayo de 1964 ocurrida en el Estadio Nacional cuando los seleccionados de fútbol de Perú y Argentina disputaban un lugar para concurrir a las olimpiadas de Tokio, es el punto de partida de esta obra.
______________________________________________
x
Historia de la Noticia:
A Sangre y Tinta
(Vol. I)
Jorge Salazar
USMP, 1996. 163 pp. (agotado)
x
Constituye un trabajo de investigación periodística, pero también un escalofriante relato de los homicidios que conmovieron al país desde los primeros días de esta centuria.
______________________________________________
x
Historia de la Noticia:
La Guerra y el Crimen
(Vol.II)
Jorge Salazar
USMP, 2001. 181 pp.
x
El libro es una continuación cronológica de un análisis de los asesinatos más espectaculares, comentados en la prensa nacional del siglo XX, que hacen la historia policial y periodística del Perú.
______________________________________________
x
Historia de la Noticia:
De Morir y Matar
(Vol. III)
Jorge Salazar.
USMP, 2004, 251 pp.
x
Continuación de la reseña histórica de los homicidios y la marcha del periodismo local e internacional del siglo XX. Además nos muestra la endeblez del sistema político social frente al fenómeno de la violencia.
______________________________________________
x
Historia de la Noticia:
La sangre derramada
(Vol. IV)
Jorge Salazar.
USMP, 2007. 137 pp.
x
Este volumen cierra el ciclo del cuarteto de violencia y muerte cotidianas en el pasado y muy cercano siglo XX. Ha recibido elogiosos comentarios de los más connotados especialistas de la conducta humana del país. Todos ellos coinciden en señalar lo beneficioso y saludable que resulta para una sociedad reconocerse en sus errores y en sus horrores. Aunque esto no es un tratado de antropología forense, el estudio realizado permite llegar a una terrible y comprobable conclusión: normalmente las víctimas más comunes de los delitos de muerte, provienen de los sectores físicamente más vulnerables del entorno: las mujeres y los niños.