"Somos una sociedad enferma"



Por Romina Herrán

En 1944, dos familias japonesas fueron asesinadas con un palo de madera. La justicia declaró culpable a Mamoru Shimizu, el hermano de una de las víctimas. Esa fue la versión oficial que Jorge Salazar conoció en su infancia. Nunca la creyó. Pensaba que un solo hombre no podía matar a siete. Años después, viajó a Japón solo para dar de comer a esa curiosidad. Resolvió el caso. Ahora, en su pequeño departamento de Miraflores, cierra los ojos y se sumerge en sí mismo.


Cuando eras niño no querías ser como tus padres. ¿A qué se debió ese rechazo?
Yo no quería ser como mi papá, porque para mi padre todo era “tanto tienes, tanto vales”. Él era hijo de un inmigrante y la pasó muy mal, al punto de que tuvo que cambiarse de nombre para adaptarse. Nosotros no conocimos esa realidad y a él le jodía que tuviéramos una vida tan fácil.

La relación fue distinta con tu abuela. La considerabas una amiga. ¿Fue la primera mujer que marcó tu vida?
Sí. Era una mujer que leía mucho y pasaba noches enteras contándome historias. Aún me acompaña y, probablemente, algunas de las respuestas que te dé, no te las dé yo, sino mi abuela.

Tras tu estadía en Europa, regresas a Lima a luchar por una revolución ajena, la cubana, y esa lucha, finalmente, te sale cara.
Yo no la creí ajena, sino mía. Y creo que cuando uno come, tiene que pagar la cuenta (por unos instantes entreabre su camisa y deja ver las huellas de la tortura). No me quejo.

¿Aún crees en el comunismo?
Ya no creo en él. Solo en algunas cosas: que deberíamos ser solidarios, que tener es compartir y que tenemos la obligación de mandar a la mierda a este mundo de barbaries e injusticias.

Crimen y crimen en el Perú

Un mundo sin delito ¿es posible?
Los ingleses del siglo XIX estaban convencidos de que el crimen era el resultado de la pobreza. Por eso cuando aparece la industrialización y empieza a satisfacer las necesidades básicas, piensan que el crimen va a desaparecer. Luego descubrirían, sin embargo, que los grandes criminales de la época provenían de los sectores más favorecidos. La gente se da cuenta, entonces, que el crimen no va a terminar, que solo se ha industrializado.

¿Uno nace criminal o se convierte en criminal?
Un ser humano solo hace lo que aprende. En la infancia aprendemos a comportarnos observando a nuestros padres. Si falta esa imagen, se genera en nosotros un desequilibrio. Si observas, la mayoría de criminales proviene de hogares destruidos.

¿Por qué se mata? Tú dices que por placer o por un móvil. ¿Cuál es más condenable?
Cuando hablo de placer me refiero al placer sexual. Matar para conseguir placer sexual es un móvil. Crimen y sexo marchan muchas veces juntos. Por eso muchos asesinos se masturban delante de sus víctimas o las violan una vez que están muertas. Siempre hay un móvil. Por lo tanto, todos los asesinatos son condenables.

¿Un crimen tiene justificación? Casi siempre los criminales aseguran que actuaron en defensa propia.
Es un crimen cuando no actúas en defensa propia. Si actúas en defensa es una reacción. En esos casos son circunstancias.

Giuliana Llamoja —la joven que mató a su madre de 49 puñaladas— dice que actuó en defensa propia.
Ese caso es de lo peor. Es un caso típico de incesto. Pero, además, el gran actor acá es el padre y da la casualidad que ese día no estaba. Lo planearon. Giuliana no puede decir que no tuvo intenciones de matar a su madre, porque basta una herida para que sea mortal. Y ella se ensañó con su madre dándole 63 puñaladas. Y antes había intentado envenenarla.

Entonces no existe una justificación para el crimen.
No. Yo creo que nadie, bajo ningún concepto, tiene derecho a atentar contra la vida. Odio la guerra, una de las grandes degradaciones de la humanidad, donde se pierden miles de millones de vidas. Y todo lo atribuimos a que, dentro de nosotros, hay una carga animal. Esto es falso, porque los animales no se matan entre ellos. El ser humano es el único en su género que puede destruir a otro de su misma especie.

¿Merecía morir Juan Díaz Balbín —el descuartizador que fue asesinado por su psicólogo, Mario Poggi—? ¿Poggi, como decía, le hizo un bien a la sociedad?
Los psicópatas nacionales eligen siempre a las víctimas más débiles, como los maricones y las putas. Están convencidos de que, como se trata de gente que está al margen de la sociedad, nadie va a reclamar. Eso pensó Poggi: ‘Este negro de mierda, subhumano, a quién le importa’. Poggi es mentalmente nazi. Piensa que si eres un hombre con ciertas facciones, eres capaz de todo. Incluso decía, antes del crimen, que Balbín era un negro, un degenerado y que por eso había que matarlo.

Buscaba un reconocimiento. Esa es la hipótesis que planteaste en tu libro “El Caso Poggi”, y todo parece confirmarla ahora. Él es famoso y feliz.
Él estaba en busca de un reconocimiento para alcanzar el éxito económico. Tenía gruesos problemas de revancha contra el medio. Consideraba que lo había tratado muy mal siendo el un ser superior. Pero solo es un pobre hombre perturbado.

¿Qué tratamiento le da el periodismo actual al crimen?
El periodismo se ha deshumanizado. Ahora lo importante es vender, y vender para los periodistas depende de la cantidad de muertos. Antes había en las notas policiales, además de la información, un pedido a la comunidad. Se veía la manera de ayudar a las familias de los deudos. Eso se ha perdido.

Definitivamente, el crimen y su contexto no son independientes. ¿Cuánta es la influencia de uno sobre otro?
En la guerra, uno aprende las técnicas para matar. En el caso del Perú, Sendero influenció en el crimen. Ya no se asalta como antes. Ahora es con metralleta. Si vas a un cajero, te siguen dos tipos y te dan un disparo en la pierna. ¿Quiénes integran estas bandas?. Somos una sociedad enferma. Sendero ha sido una gran enfermedad.

¿Seguiremos siendo una sociedad enferma?
Sí, porque si no sabes que estás enfermo, ¿cómo te curas? Deberíamos entrar a un proceso de recuperación. Eso se intentó a través del informe de la Comisión de la Verdad, que nadie ha leído y que todos, sin embargo, condenan. Si no se reconoce eso, vamos a terminar muy mal.

¿Si para ti la cárcel es la universidad de los criminales, qué se debe hacer entonces con ellos?
Nuestras cárceles son la universidad del crimen, pero solo las nuestras. Acá el papel de la prisión es castigar. La situación es diferente en Holanda o Alemania, en donde te ponen a trabajar de acuerdo a lo que sepas hacer y te pagan por ello y, al salir, te ponen un terapeuta. Es un sistema carcelario de recuperación. Eso es lo que se tiene que hacer. Así nadie pierde, todos ganan.

¿El crimen nunca fue un arte en el Perú?
El arte de verdad es belleza y libertad, y el crimen no es nada de eso. Pero si con arte te refieres a perfección y con ello, a impunidad, en el Perú se resuelve solo el 30% de los crímenes.

Informe sobre el caso Llamoja:
https://www.youtube.com/watch?v=n6dUa6K5MYM