Foto: Max Hernández
Jorge Salazar, el dueño del mundo
Foto: Max Hernández
Memorias y aroma de Pasión
I
Qué podría hacer si yo siento que cargo con la infancia y con el barrio en mi sangre. Hay días, noches, en que esas figuras que vienen del pasado no dejan de deambular por mi mente, y es allí, en medio de agitaciones, que intento que la memoria dé un giro hacia otros lados; pero no, el fantasma de Pasión no me da tregua. Lo veo sentado en ese trozo de sardinel que todavía hace frente diagonal con el Jardín Botánico. Esa esquina era una especie de púlpito o plataforma desde donde Pasión lanzaba sus rencorosos anatemas y mentadas de madre contra la japonesa María, que regentaba la chingana al lado del callejón La Estrella. Especie de corral de guapos y criollos, donde por igual concurrían la gallardía de Tatán, las vocecitas infantiles de los hermanos Caitro Soto y la sórdida degradación de los alcohólicos que apuraban copas de azulado ron de quemar. Coma.
II
Dicen que Pasión a veces intentaba hacer una especie de borrón y cuenta nueva con la japonesa, pero la buena memoria del rencor se lo impedía. Algunos especulaban con el origen de ese odio. El zambo Montero, que en paz descanse, contaba que el papá de Pasión había sido un gran cocinero, tan bueno con las ollas y las salsas que un día se lo llevaron a un reputado hotel de un balneario de Uruguay. Bastantes años después, el hombre apareció por el barrio. Volvió al mismo cuarto del callejón con un chiquillo de cuatro años, bien escurrido de carnes, devorador de sus propias uñas y ligero acento foráneo al hablar. Pasión, que por esas edades no se llamaba Pasión, era José Luis y de sus ojos verdioscuros saltaban chispas de viveza y lozanía. Esos días, años, fueron su calvario. El papá de Pasión se incendió las entrañas. Se quemó en el azulado ron de quemar que vendía la japonesa. Es decir, murió de “diablos azules”, que es como se le llama al delirium tremens en los Barrios Altos. Coma.
III
Peleador y silencioso, Pasión no se parecía a ningún marica conocido ni se juntaba con ellos. Cocinaba como los dioses, coleccionaba libros, confiaba en la baraja y en sus puños. Era nuestra fiesta, la de los más chicos, pues nadie nos contaba historias más bellas ni nos invitaba postres más ricos. A veces se vestía de mujer y decían en los Barrios Altos que parecía una reina: sinuoso, elegante y de trancos pausados. “Me voy a un baile”, se despedía, y desaparecía. Pasaban hasta diez días sin noticias de Pasión, sin el olor se su comida; pero cuando menos se lo esperaba, allí lo teníamos a la sombra de la noche, con un ojo morado, sentado en el sardinel cantando con la guitarra para esconder sus tristezas. A veces, cuando andaba fregado de plata y sin partidas de casino, se ofrecía para cocinar. Así algunos domingos caía por mi casa, se ponía un mandil floreado y preparaba papas romanas y gallina a la francesa, o una sopa boullabaise, platos que habían sido secreto de su padre. Nunca probó bocado de sus delicias: es que era mujer de poco comer, mucho pelear y ningún beber, decía él. Coma.
IV
Mientras Pasión cocinaba, volcaba sobre mi madre otra gama de historias: “¿Sabía usted, señora, que los soldados de Julio César, antes de ir a sus mortales combates, preparaban banquetes, se maquillaban y se perfumaban? ¿Sabe usted, señora, quién fue Lúculo?” Y mi buena madre, con la boca abierta. Uno de esos domingos de ollas y cazuelas, mi madre se dio maña para preguntarle acerca de su rencor hacia la japonesa María. Sorprendido, primero miró al vacío; luego, con la cara mojada de lágrimas, dijo algo como: “Si ahora yo tuviese toda la plata que se gastó mi papá en ese maldito ron de quemar, hoy día, señora, estaría hablando con una mujer casada, dueña de un gran restaurante. Si usted viese los pretendientes que me salen”. Por la tarde escuché a mi mamá decirle a mi papá que Pasión era un tipo muy especial, de sabiduría resignada. Coma.
V
JORGE SALAZAR
Jorge Salazar, nació en Lima, el 27 de setiembre de 1940. "Jorge Salazar ha tenido una sola
avaricia: "No he perdido el tiempo haciendo dinero. Sé que esta copa de la
que bebo vino va a durar más que yo", dice casi disculpándose, y su vida lo presenta como un moderno
hombre del renacimiento: desde rebelde con causa y bailarín de ballet hasta
actor de cine en películas de Bud Spencer y Terence Hill y un intrépido
viajero", cuenta el cronista Julio Villanueva Chang.Estudió los primeros años de la primaria en el Colegio Agustino Santa Rosa de Chosica. "De Chosica, Salazar llegaría al Anglo-Peruano de Lima, Escocia, San Marcos, Ámsterdam, Madrid, Cuba; estudiando, viviendo, y teniendo trabajos tan variados como extra en películas de cowboys, bailarín de ballet clásico español, apoderado de un matador de toros y un futbolista, etc.; pero antes que nada, periodista", sostiene Jaime Bedoya.
Del Anglo Peruano emigró a los 15 años de edad para concluir la secundaria en Escocia. Desde ese tiempo vivió en Europa. Con su compañía de Danza viajó por Francia, España, Alemania y Estados Unidos; allí, en su hotel conoce a Hilda Gadea. Brillante como fue desde chico, Salazar sorprende a la esposa del Che Guevara y ella lo invita a Cuba. Llega a la isla en plena celebración del triunfo de la revolución cubana. Salazar luego de esa experiencia decide regresar al Perú e ingresa a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Con Bud Spencer y Terence Hill,
Jorge Salazar parado a la derecha.
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En 1969, Salazar publicó el ensayo Una visión del Perú con el que ganó el premio De Gius de los Países Bajos. Y en 1979, publica Piensan que estamos muertos, escrita al alimón con Alaín Elías, el guerrillero que estuvo en la misma balsa que el poeta Javier Heraud cuando fue acribillado por el ejército. En 1980, Salazar ganó el Premio Casa de las Américas por su novela La ópera de los fantasmas.
"Cuando el año de 1980, después del interregno del gobierno militar, se devolvieron los diarios de circulación nacional a sus propietarios, en Expreso volvimos a empezar con mucho entusiasmo y pocos columnistas. Coco Salazar fue uno de ellos. Semanalmente, puntual, empezó a publicar en la página editorial una medida columna: Punto y Coma. Tan sólo tres sabrosas carillas que no pretendían descubrir y menos teorizar sobre el inagotable y fascinante mundo de los sabores y olores culinarios, sino que se recreaban con la sal, pimienta y facundia criollas. No era una ciencia de oídas sino de vividas. De sus largos y despaciosos vagabundeos por la vieja Europa, de su época de desmañado estudiante londinense. De su trashumancia por las islas griegas, de sus correrías por los zocos de Constantinopla, los bazares de la costa africana y las tascas y colmados españoles. Correrías en las que sobrevivió en unos casos y en otros vivió muy bien, gracias a sus trabajos golondrinos de enterado guía turístico, de escritor y traductor a destajo, en algún caso de bailarín gitano –esto lo puede confirmar y reafirmar Max Hernández– y en las más de las veces como un eximio y buscado cocinero. Pionero, en Punto y Coma, Salazar empezó, pues, algo que con el correr de los años ha cobrado la importancia que hoy tiene, La Cocina, con mayúsculas", señala Ismael Pinto, hoy Mimbro de la Academia Peruana de la Lengua.
Salazar trabajó en casi todos los diarios del Perú, pasó por El Comercio, La República, La Crónica y Expreso. Fue editor de la revista Caretas y columnista del semanario Dier Spiegel de Alemania, Cambio 16 y Vanguardia de España. Escribió sobre teatro y literatura, Historia, gastronomía, fútbol y se abocó a la política internacional cuando hacerlo no implicaba a internet. Fue también –con el caso Poggi– el primer periodista del mundo en cubrir un asesinato antes de que sucediese.
"Jorge Salazar es sorprendentemente puntual. Con aire de trasnochado, pinta de bohemio, bufanda al cuello, preferentemente negra y de seda. Desconcierta. Coco es cortés. Habla en voz baja y ríe en voz alta. Aparece para una entrevista. Pregunta si incomoda la grabadora. Y para qué, si Coco jamás la utiliza. Él recurre a su memoria comparable a una computadora que además posee la virtud de la imaginación y colorido. Para disimular apunta jeroglíficos en una libretita de bolsillo. Escribe vertical, horizontal y diagonalmente en páginas dispares. Es un poco más cuidadoso cuando logra la receta favorita del entrevistado quien, ya, con las defensas bajas, ni cuenta se ha dado del robo furtivo. Coco ama la cumbia, el jazz, el afro y Mozart. Ahí va su pata del “Reina del mar, ahí está el de los toros de Sevilla y el otro de la pensión de Hungría. Nació en Chosica pero es dueño del mundo. Jorge Salazar es generoso y desprendido", escribe su entrañable amiga, la fotógrafa, Daphne Zileri.En 1987 Salazar publicó Poggi: la verdad del caso.
En el 2004 publicó el libro Crónicas Gastronómicas que ganó el Gourmand World Cookbook Awards 2005 como mejor libro de Literatura Gastronómica.
"Lo admirable es que, con todo lo que sabe de comida, Jorge Salazar come poco. Su deleite y ritual gastronómico se inicia con una honda contemplación del plato, en busca de la genealogía e historia que lo hace apetecible. Al iniciarse esta pesquisa –digamos, a partir de una pizca de tausí apenas percibible sobre un ala de pichón– vertiginosamente se sumerge en los miles de años que puedan haber detrás de algún suceso histórico que tuviera dicho alimento como marco digestivo de fondo, que al entendimiento y argumentación de Salazar se hace protagonista principal por encima del hecho mismo. Cuando esto sucede y sucede siempre, el restaurante, el chifita de barrio, la modesta mesa de cocina –no importa el lugar–, se ve honrada por la presencia de ilustres espontáneos que nadie, salvo Salazar, podría invitar: faraones egipcios de paladar eterno, esclavos persas de papilas liberadas, algún apóstol goloso, o un guillotinado aristócrata francés, cabeza en mano, en busca de la mayonesa perfecta. Acudirán puntuales como el hambre. No me consta que esto suceda cuando Salazar come solo. Aunque dudo que alguna vez coma solo.En un país dolorosamente hambriento como el nuestro, en que el conocimiento gastronómico pasa por elitismo culturoso, moda de bolsillo caro, falso lujo del que recién aprende a comer sentado; para Salazar, y esto es aún más admirable, compartir una mesa es el mejor de los sabores posibles. A la mesa los hombres se hacen hermanos, dice. Tal vez por eso come poco, para que los demás prueben y sepan del placer que él conoce como mejor alimento que nos da la historia, nos da el comer, nos da el vivir; la generosidad. A la mesa y fuera de ella", recuerda el cronista Jaime Bedoya."Pareciera que el azar siempre ha compensado su generosidad. Sus amigos recuerdan haberlo visto brillar en los hipódromos. "He ido con él algunas veces y debo reconocer que me asombra su conocimiento, pero sobre todo su suerte", comenta Raúl Vargas. "Ha ganado fortunas en el hipódromo y las ha gastado todas invitando a los amigos o apoyando a los artistas", recuerda la poeta Rosina Valcárcel, amiga de los tiempos de quebradas costillas izquierdas", escribe David Hidalgo.
Jorge Salazar, es considerado, además, el mayor especialista nacional en crónicas policiales, de muerte y misterio y ha publicado cuatro volúmenes especializados sobre la Historia de la Noticia: A sangre y tinta (1996), La guerra y el crimen (2001), De matar y morir (2004) y La sangre derramada (2007).
"Sobre sus conocimientos de historia, geografía y filosofía su obra Los Papeles de Damasco nos dispensaría de mayor comentario aunque nos pondría en problemas de explicar cómo junto al humanista convivía el “burrero” apostador y el tahúr experto en todo tipo de juego de evite. Sí, he dicho bien. En él vivía un tahúr, sino que lo digan los diagramadores y el famoso corrector de Caretas, el señor Campodónico, a quienes inmisericordemente les ganaba sus buenos reales en los entretiempos del cierre de edición. Junten al jugador empedernido y al incansable periodista y obtendrán por necesario resultado una cajetilla permanentemente en la mano derecha, el encendedor en diestra y un pitillo en la boca. Así era “Coco”.
Cuántas cosas más se podrían y se tendrían que decir de “Coco” pero modestamente y con el mayor de los afectos yo quisiera recordar al promotor de periodistas jóvenes. Pocos como él, con sus dotes de mago y de demiurgo supo atraer hacia el periodismo a muchos jóvenes, completamente disímiles entre sí. La mayoría de ellos talentosos o sencillamente furiosos y eventualmente confundidos sobre su propio futuro-. Algunos ejemplo que mi incipiente alzheimer me permite recordar: Laura Puertas, Mariela Balbi, Jaime Bedoya, Tomas D’Ornellas, “Cucky” Chesman, Delia Ackerman, Julio Heredia, Gabriela Ezeta. Parafraseando al trovador cubano había gente que quería y que odiaba a “Coco”. Imposible que hubiera sido de otro modo. De lo que sí estoy convencido es que lo suyo fue un milagro de sobrevivencia pues nadie como él practicó el deporte extremo de sacar absolutamente de quicio a Zileri dándole la contra hasta el infinito del alarido. Lo cual -conociendo a Enrique-, no es poca cosa", recuerda Benito Portocarrero.
"En dos meses debo de terminar de corregir “La vuelta al mundo en 80 platos”, que será publicado por Alfaguara. También estoy preparando “La historia del fútbol peruano”, que la editará la Universidad San Martín de Porres en dos volúmenes y que debe estar lista para fines de este año", declaró, en su última entrevista, Jorge Salazar al periodista Tomasini Sinche López, en abril de 2007. En junio de 2015 a siete años de su partida, "La vuelta al mundo en 80 platos" se publicó bajo el título de: "Coma y punto" una exquisita sobremesa de la culinaria mundial. "La Historia del fútbol peruano" aún no ha sido publicada por la USMP.
"Era de los que teniendo una cultura vasta y erudita, sabía conversar, pues instruía a los jóvenes. En el ambiente periodístico cosechaba envidia, algunas por las mujeres con las que andaba. No valoraba la riqueza material, sino lo que vivió en tantos viajes por el mundo, tantas lecturas y oficios. Su verdadera profesión fue la de un hombre que quería vivir. Que vivió la vida como quiso. Amado y odiado. Nunca se apartó del periodismo y murió sin riquezas. Su hija lo cuidó en sus últimos días y murió seguramente feliz a su lado", señala el periodista del diario el Trome, Patiño.Jorge Salazar, no tuvo casa, ni carro; no tuvo bienes por decisión propia. Solo sus libros y sus verdaderos amigos. "En su departamento sus bienes se reducen a un primus, un tocacassette, dos máquinas de escribir –una prestada– y muchísimos libros en perfecto desorden. Cuando digo que no veo televisión la gente cree que es una pose. Cada vez que se le pregunta por su vida él responde recordando a un personaje de Stendhal, Soy Lorenzo, hombre libre... pero esclavo de mi amor. Su opción secreta en una sociedad encanallada. Donde los hombres son esclavos de los bienes. Al mismo tiempo le preocupa, por ejemplo, que el mejor premio que se les ofrezca a las voleybolistas sea la casa propia. ¿Por qué no mejor asegurarles educación para ellas, para sus hijos? Pero no, pues, ésta es una sociedad violentista donde los bienes están por encima de toda consideración.. Imagínate: gente que trabaja más de ocho horas al día, se mata pagando casa, refrigeradora, status –bienes– ¿qué tiempo tiene para amar?, ¿qué gana su espíritu y qué puede ofrecer a los demás? Por eso te digo que es una sociedad encanallada, por eso hay violencia... " lo retrata así Jaime Bedoya en una entrevista.
Compilación: Ángel Angulo.
La poesía no sirve para nada
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| Jorge Salazar / Foto: Max Hernández |
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| Luis Hernández / Foto: Carlos Hernández |
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| Jorge Salazar y Max Hernández |
Jorge Salazar el querido “Barón Dandy”

Coco Salazar nos sorprendía siempre con sus conocimientos. No había hecho político, internacional, nacional o universitario que no conociera lo suficiente para exponerlo, explicarlo y argumentar a favor o en contra. Y cómo bailaban sus ojos cuando se apasionaba en sus intervenciones o conversaciones. Tal era el cúmulo de datos y detalles que quería comunicar, que no parecía suficiente la velocidad de su verbo.
Jorge Salazar "El Camborio"
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| ¡Ese es mi amigo Camborio, gitano de verde luna! |
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| "Yo iba tras mis sueños de torero" |
Veinticinco años después, cuando Jorge tuvo el gesto de invitarme para que yo sea uno de los presentadores de ese libro, "La medianoche del japonés", junto con el prestigioso psicoanalista Max Hernández, en una casona de Barranco. Yo conté esta anécdota para corroborar que verdaderamente Jorge Salazar había venido trabajando ese libro por más de 25 años.
Jorge Salazar también ha publicado los libros: "Piensan que estamos muertos", escrito alimón con Alaín Elías, el guerrillero que estuvo en la misma balsa que el poeta Javier Heraud cuando fue acribillado por el ejército. Después escribió "La ópera de los fantasmas" que relata los trágicos acontecimientos del Estadio Nacional cuando murieron más de 400 personas en el partido Perú - Argentina.
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| "Salazar escribía, bailaba y era actor de cine por esos tiempos" |
Yo creo que a Jorge le va más exacto eso de Camborio, porque en el fondo de su mirada brilla la fiebre trágica de los gitanos; de tez oscura como los gitanos de verde luna, acostumbrado a convivir con la muerte y escarbando ese misterio para tratar de comprender la vida. ¡Ese es mi amigo Camborio, gitano de verde luna!
Perú Shimpo Diario Peruano-Japonés
Foto: Ricardo Mitsuya Higa

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